Cómo interpretar los percentiles de crecimiento infantil

Ver crecer a los hijos es una de las experiencias más gratificantes y, al mismo tiempo, una de las que generan más dudas a los padres. Durante las visitas de rutina con el pediatra, el especialista toma ciertas medidas del bebé y las ubica en lo que llaman gráficas de percentiles, e indica a los padres la ubicación de su bebé. Sin embargo, estos números pueden generar ansiedad, al desconocer qué significan los valores obtenidos y si el bebé se está desarrollando de manera correcta. Y es por ello que en esta oportunidad se explicará todo lo relacionado con los percentiles de crecimiento, cómo se interpretan y desmitificar algunas creencias acerca de estos datos.

¿Qué son los percentiles de crecimiento?

Un percentil es una medida estadística de comparación, y en el caso de los percentiles de crecimiento, se utilizan para comparar el crecimiento de un niño  con el de una población de niños sanos de su misma edad y sexo.

Las gráficas de percentiles más utilizadas a nivel mundial son las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y se dividen principalmente en tres variables: peso, estatura y perímetro cefálico.

Un ejemplo para comprender mejor el término es que, si el pediatra le indica que su bebé está en el percentil 25 de peso, significa que, si se tomara 100 bebés de la misma edad y sexo de su hijo, y se ordenaran de menor a mayor peso, su bebé ocuparía el puesto número 25. Así que 24 bebés pesarían menos que su bebé, y 75 bebés pesarían más.

Cómo leer los percentiles de crecimiento

Estas gráficas de crecimiento están conformadas por dos ejes principales.

  • Eje horizontal (X). Representa la edad del niño, en meses y años.
  • Eje vertical (Y). Representa la medida física del niño, como kilogramos de peso o centímetros de estatura.

En el área de la gráfica existen algunas líneas curvas que suben de izquierda a derecha, y cada una de ellas tiene un número.

Entonces, el pediatra ubica la edad del niño en el eje horizontal, y sube en línea recta hasta encontrar la medida (peso o altura) del niño, y marca el punto donde ambas líneas se interceptan. La línea curva que pase más cerca de ese punto indicará el percentil de su bebé.

El mito del percentil ideal

Existe un mito acerca de los percentiles, que al ser una medida estadística de comparación, los niños deben alcanzar el percentil 50 que es la media exacta, o el percentil 90 que es el más grande. Y en realidad, esta no es la manera correcta de interpretar los percentiles.

El percentil ideal para un niño es aquel que se mantiene estable a lo lardo de su desarrollo, respetando su genética y constitución física. Un niño que esté ubicado en un percentil 20 puede estar tan sano, fuerte y enérgico que un niño que esté ubicado en percentil 85. Aquí es importante recordar que cada niño es único, y la diversidad de tamaños es una característica natural de los seres humanos.

Por otra parte, los especialistas indican que los límites de la normalidad estadística en los percentiles de crecimiento se establecen entre el percentil 3 y el 97. Cualquier valor que se encuentre entre este rango se considera un valor normal, mientras que el desarrollo general del niño sea óptimo.

El valor que realmente importa en el crecimiento de su hijo

Un dato aislado como el percentil de crecimiento, en un momento específico, como la consulta con el pediatra, no define la salud del niño en realidad. Sin embargo, los pediatras continúan tomando este valor en cada consulta, porque permite evaluar la tendencia a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, si su bebé nace en el percentil 15 de peso, y durante un año de consultas de niño sano se ha mantenido en la misma línea del percentil 15, su desarrollo es perfecto y saludable, cumpliendo con su potencial genético.

Señal de alerta relacionada con los percentiles

Otro aspecto importante a tomar en cuenta en los percentiles durante las consultas de niño sano es detectar cualquier cambio drástico o inesperado en la tendencia regular del niño.

  • Cruces drásticos entre percentiles. Si el niño se mantenía de manera constante en el percentil 70, y en algunos meses cae al percentil 20, es necesario detectar la causa de esta variación tan notoria en su desarrollo.
  • Estancamiento plano. Cuando la curva de crecimiento del niño se convierte en una línea horizontal, significa que no ha crecido ni ha ganado peso, lo que implica la necesidad de una revisión clínica más minuciosa.
  • Desproporción marcada entre peso y estatura. Es más fácil de visualizar con un ejemplo: Si el niño está ubicado en el percentil 95 de peso y en el percentil 10 de estatura, es recomendable hacer una evaluación nutricional para prevenir posibles problemas de salud en el futuro.

En resumen, los percentiles son una excelente herramienta de prevención para los pediatras; sin embargo, no deben convertirse en una obsesión para los padres y demás familiares del niño. En la evolución del crecimiento y desarrollo infantil existen muchos aspectos a ser evaluados, mientras que los percentiles solo son una referencia estadística de peso y crecimiento.

Mientras su hijo tenga un buen apetito y consuma alimentos nutritivos, muestre un buen desarrollo psicomotor, tenga energía para jugar y, respecto a los percentiles, se haya mantenido estable en las líneas de desarrollo, usted puede tener la tranquilidad de que su hijo está creciendo de manera saludable.

 

Fuentes:

 

Alimentación Complementaria: Cómo introducir sólidos de forma segura

Dar inicio a la etapa de alimentación complementaria es una experiencia emocionante, pero al mismo tiempo, muy estresante. Y es que pasar de la lactancia materna o biberón exclusivo a alimentos sólidos es todo un proceso exploratorio.

El método tradicional era seguir un calendario rígido para introducir alimentos; sin embargo, algunos profesionales hacen énfasis en que la clave es respetar el desarrollo madurativo de cada niño, y por ello, hoy conocerá los tips para introducir los alimentos sólidos con seguridad y confianza.

¿Cómo reconocer cuándo el bebé está listo para comer alimentos sólidos?

El método tradicional avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que debe esperar a que el bebé cumpla 6 meses de edad. Sin embargo, la edad correcta para iniciar este proceso va a depender del momento en el que el bebé cumpla con algunos requisitos madurativos:

  • Mantiene la cabeza erguida y se sienta con apoyo. Este requisito es importante, porque el bebé debe sostener el tronco de forma vertical para tragar con seguridad y sin riesgo de aspiración.
  • Desaparición del reflejo de extrusión. Este reflejo natural ocurre cuando el bebé empuja hacia afuera con la lengua cualquier cosa que entre en su boca. Por lo tanto, si aún realiza este movimiento, aún no está listo para iniciar la ingesta de alimentos sólidos.
  • Muestra interés por la comida. Usted debe observar si el bebé lo mira fijamente mientras come, si intenta alcanzar los alimentos que usted está comiendo o hace movimientos similares a los de masticación.
  • Coordinación ojo-mano-boca. Se trata de que el bebé tenga la capacidad de ver un trozo de comida, agarrarlo con su mano y llevarlo directamente a su boca.

¿Primero papillas o directamente alimentos sólidos?

En la actualidad, se manejan dos métodos para introducir alimentos. Vale señalar que ninguno de los dos es mejor que el otro. Ambos son muy seguros y la elección va a depender de la dinámica familiar y de lo que les resulte más cómodo.

  • Método tradicional. Purés y papillas. Consiste en triturar los alimentos e ir evolucionando la textura. Es decir, puede comenzar con puré líquido; a los 7-8 meses puede introducir purés triturados con un tenedor. Antes de los 10 meses, introducir pequeños trozos blandos para comenzar a estimular los músculos de la mandíbula.
  • Baby Led Weaning. Alimentación autorregulada. Este método es el más moderno. Se salta la etapa de los purés y se ofrecen alimentos sólidos de manera directa. De esta manera estará fomentando la autonomía, el reconocimiento de texturas y controla la saciedad.

Precauciones para evitar atragantamientos

Uno de los mayores miedos que enfrentan los padres al introducir alimentos sólidos a sus bebés es el miedo al ahogo mientras comen. Para proporcionar un poco más de seguridad a los padres, se les recomienda seguir algunas pautas de seguridad.

Forma y textura

  • Prueba del dedo. Todos los alimentos que le ofrezca a su bebé deben ser lo suficientemente blandos para que los pueda aplastar con facilidad con sus dedos índice y pulgar.
  • Corte en bastón. Inicialmente, los bebés no tienen el agarre de pinza que se hace con los dedos índice y pulgar, por lo que agarran todo con los puños cerrados. Por ello, la comida debe sobresalir del puño para poder morderla. Los alimentos deben ser cortados como una patata frita, en tiras largas y del grosor de un dedo adulto.

Alimentos prohibidos por riesgo de asfixia

Algunos alimentos deben ser evitados en su forma natural hasta que el bebé haya cumplido unos 5 años.

  • Uvas enteras, tomates cherry, aceitunas y otros alimentos similares. Estos deben ser cortados en cuartos a lo largo.
  • Frutos secos, enteros o en trozos. En su lugar, lo pueden dar en forma de cremas untadas de textura muy fina.
  • Salchichas cortadas en rodajas. Cuando las salchichas se cortan de esta forma, quedan del tamaño perfecto para bloquear la tráquea.
  • Zanahoria o manzana cruda. Son alimentos muy duros. Si quiere ofrecerle estos alimentos, deben ser rallados o cocidos.
  • Palomitas de maíz o caramelos duros.

Por otra parte, es importante distinguir la arcada del ahogamiento real. La arcada es un mecanismo ruidoso que ocurre cuando el bebé tose o hace arcadas para empujar los alimentos hacia adelante si están muy atrás en la boca. Es un proceso natural, y lo puede dejar actuar.

En cuanto al atragantamiento real, es un proceso silencioso. El bebé no puede emitir sonido, ni toser y se pone azul. Aquí es necesario aplicar la maniobra de Heimlich para lactantes de manera inmediata.

Introducción de alérgenos

Existen alimentos que contienen proteínas que el sistema inmunológico detecta de manera errónea como si fueran peligrosas, y pueden activar los mecanismos de defensa, en este caso, del bebé. Tradicionalmente, se aconseja retrasar la ingesta de este tipo de alimentos, como huevos, pescado, maní, gluten, lácteos, hasta que el bebé cumpla por lo menos un año de edad.

Sin embargo, de acuerdo con estudios más recientes, incluir de manera temprana y continua alimentos alérgenos a partir de los 6 meses de edad, siguiendo algunas recomendaciones, reduce de manera significativa el riesgo de desarrollar alguna alergia alimentaria.

  • Incluir un alérgeno a la vez.
  • Ofrecer durante 3 días consecutivos el alérgeno que está introduciendo, hacerlo en el desayuno o el almuerzo, para poder observar su reacción; por esto se sugiere no hacerlo en las cenas.
  • Evitar introducir otro nuevo alimento durante esos días.
  • Vigilar cualquier posible reacción, como ronchas en la piel, vómitos repetidos, hinchazón de labios u ojos, dificultad para respirar. Ante cualquier reacción inusual, es momento de suspender el alimento y llamar al pediatra.

Nutrientes esenciales Vs. Alimentos a evitar

Una vez que el bebé cumple 6 meses de edad, las reservas de hierro comienzan a disminuir, y la leche materna no cubre el requerimiento del bebé; por ello, se recomienda que los primeros alimentos que se vayan a incluir en su dieta de alimentos sólidos deben ser ricos en hierro.

Opte por carnes rojas, pollo o pavo, legumbres cocidas y trituradas, huevos, pescados, vegetales verdes combinados con fuentes de vitamina C, esto ayuda a absorber mejor el hierro.

También los puede acompañar con grasas saludables, como aceite de oliva extra virgen o aguacate. Son alimentos importantes para el desarrollo cerebral.

Evite darle antes del primer año:

  • Sal.Los riñones del bebé aún están en una temprana etapa de desarrollo para procesar la sal.
  • Azúcar y edulcorantes. Pueden interferir con el desarrollo palatatal e incrementa el riesgo de obesidad y caries. Evitar galletas, jugos comerciales y postres lácteos.
  • Miel.Estrictamente prohibida durante el primer año de vida, por riesgo de desarrollar una enfermedad llamada botulismo lactante, que es causada por esporas bacterianas que el sistema digestivo no puede destruir.
  • Leche entera de vaca. Para ser bebida principal, se recomienda después del año de vida, porque es muy pesada para su digestión.
  • Espinacas y acelgas en grandes cantidades. Son alimentos con un elevado contenido en nitratos.

Durante la etapa de alimentación complementaria se presentarán días en los que el bebé comerá todos los alimentos y otros días, jugará con la comida. Ambos casos son normales, solo debe tener un poco de paciencia, mantener el ambiente relajado a la hora de comer. Evite presionar al bebé en que debe comer todos los alimentos; tampoco es recomendable tener a la mano pantallas en la mesa.

Solo mantenga el espacio seguro y confíe en las capacidades de su hijo en poder manejar sus alimentos y disfrute ver cómo su bebé descubre los nuevos colores y sabores.

 

Fuentes:

 

Rabietas: Herramientas para padres en momentos difíciles

Las rabietas infantiles son una de las etapas más difíciles e incomprendidas de la crianza. Para muchos, son un acto de rebeldía; para otros es simple manipulación; algunos especialistas señalan que son el resultado de un mal manejo de la frustración. Hoy conocerá algunas herramientas para el manejo de estas rabietas y al mismo tiempo para ayudar a los niños a manejar sus propias emociones, sin duda, una orientación que les ayudará para el resto de sus vidas.

¿Qué es una rabieta infantil?

Una rabieta infantil, también conocida como berrinche o pataleta, se trata de una reacción emocional que suele ocurrir en niños pequeños (entre 18 meses y los 4 años de edad, aproximadamente) cuando sienten frustración, enojo, cansancio o que no pueden dar a entender lo que quieren. Lo que hay que destacar de esta reacción es que ocurre de una manera intensa y sin control.

Aunque hay quienes indican que las rabietas son actos de manipulación (aunque a veces sí es por manipular al adulto), la realidad es que se trata de una etapa normal en la mayoría de los niños, es decir, es parte del proceso evolutivo. Las rabietas pueden manifestarse de muchas maneras:

  • El niño se cuelga de alguien o lo sigue de un lado a otro.
  • El niño puede dar golpes.
  • El niño se puede tirar al suelo, sacudirse o patear.
  • Llora y grita de manera descontrolada.
  • La rabieta ocurre, generalmente, en un lugar público.
  • El niño puede tensar el cuerpo o rehusarse a caminar.
  • El niño se puede autolesionar.

¿Por qué los niños hacen rabietas?

Existen diferentes motivos por los cuales los niños pueden hacer una rabieta. Algunos autores los clasifican en cuatro grandes grupos:

Desarrollo del cerebro

Lo primero es recordar que cuando los niños nacen, muchas partes de su cuerpo aún están en desarrollo, como es el caso del cerebro. La corteza prefrontal es el área del cerebro que se encarga del autocontrol, la lógica y la regulación emocional, aún está en formación, por lo que, cuando el niño siente una emoción intensa, no la puede controlar ni regular; entonces, la parte emocional del cerebro es la que toma el control de la situación y desborda sentimientos encontrados y descontrolados.

Frustración

Debido a lo limitado del manejo de palabras y maneras de comunicarse, los niños pequeños sienten mucho más de lo que dicen con sus propias palabras. Cuando no encuentran la manera de expresar su descontento por no poder obtener lo que quieren, cuando quieren, por ejemplo, cuando los padres o cuidadores ponen un límite y los niños se encuentran con un “no” ante sus deseos, su cuerpo lo expresa en forma de berrinche.

Necesidad de atención

A veces sí, es solo que quieren llamar la atención de sus padres o cuidadores. Es algo más profundo que una manipulación; es que el niño tiene la necesidad de sentir que lo ven y lo comprenden.

Factores físicos

Existen muchos factores: hambre, cansancio, sed, exceso de estímulos a los que el niño no está acostumbrado (como las luces o el ruido excesivo) o cualquier otro malestar físico puede afectar la capacidad de tolerancia de un niño, así que puede irritarse con más facilidad y manifestar su descontento con una rabieta.

Cómo manejar las rabietas en los niños

El manejo de rabietas infantiles es un verdadero desafío, pero con el dominio de estrategias para las tres fases de la rabieta, logrará controlar la situación de manera respetuosa y muy efectiva.

Antes de la rabieta

Probablemente muchas personas pensarán: “¿Cómo saber que vamos a presenciar una rabieta?”. La verdad es que sí podemos anticipar una rabieta cuando aprendemos a leer las señales y el entorno del niño en determinados momentos.

  • Anticipa las transiciones. Muchos niños no saben manejar los cambios bruscos de actividades, por eso se sugiere notificar con antelación que la actividad va a culminar. Por ejemplo, “lanza el balón 3 veces más, para irnos a casa”, “puedes jugar 5 minutos más, para ir a bañarte”.
  • Brinda opciones limitadas. Es bueno que ellos sientan que tienen el control al tomar decisiones, pero es más fácil que ellos procesen pocas opciones para tomar una decisión. En lugar de preguntar “¿qué franela te quieres poner?”, le puedes decir: “¿qué franela prefieres, la blanca o la roja?”.
  • Evita que se presenten los factores físicos. Planificar las salidas respetando horarios de descanso y de comidas. Así no sentirá hambre o sueño durante el paseo, y evitarán un mal rato.

Durante la rabieta

  • Mantener la calma. Usted es el adulto; mantenga un tono de voz pausado y postura corporal relajada, que transmita control. Evite los gritos o amenazas.
  • Valide su emoción, pero no su reacción. Hágale saber que usted comprende sus sentimientos, maneje palabras sencillas para que el niño lo comprenda, incluso durante la rabieta. “Entiendo que estés molesto porque nos tenemos que ir del parque para la casa, es normal sentirse así, pero igual nos debemos ir”
  • Garantice su seguridad. Algunos niños patalean y se tiran al suelo; cuide que no se golpee con el filo de algún objeto. Y si trata de golpear o morder, deténgalo con firmeza, pero sin lastimar, y dígale que no va a dejar que le pegue o le muerda, porque eso duele.
  • Ignore las miradas de los demás. Muchas veces las rabietas ocurren en espacios públicos, y los padres pierden el control ante el juicio de quienes miran. Olvídese del entorno; su prioridad es su hijo, no la opinión de extraños.

Después de la rabieta

Cuando el llanto del niño ha finalizado y respira con normalidad, significa que el cerebro está en modo receptivo y podrá comprender mejor lo que usted le quiera decir.

  • Demuestre su afecto. Es el momento de explicar al niño que esa no era la manera de actuar ante su molestia, pero que sigue siendo un niño amado.
  • Dele nombre a lo que pasó. Es parte del aprendizaje reconocer la sensación de rabia. Y que cuando vuelva a sentir rabia, puede decir que está molesto o pedirle ayuda, antes de actuar tirando las cosas o gritando.
  • Refuerce el límite con amor. Recuerde la regla inicial después de la rabieta, pero evite discursos largos; los niños tienen un tiempo de atención corto, entonces se fastidiarán y no van a entender.

Y recuerde, evite ceder a los caprichos, porque va a pensar que la rabieta le ayuda a conseguir lo que quiere. Evite tomar la rabieta como una venganza del niño hacia usted; no lo haga un problema personal, es solo la manera que conoce de expresar sus frustraciones y usted le puede orientar en ese sentido. Y jamás lo castigue o aísle en exceso; va a pensar que solo es amado cuando está feliz, y puede desarrollar inseguridades durante su crecimiento.

Los niños son un lienzo en blanco; como padres o cuidadores, es nuestro deber moldear su carácter y el manejo adecuado de sus emociones, así usted le estará dando herramientas valiosas para toda la vida.

 

Fuentes:

La verdad sobre la madre perfecta: Mitos y realidades

El segundo domingo de mayo se celebra el Día de las Madres; es un día en el cual se puede apreciar en las calles a personas con paquetes envueltos en papel de regalo, ramos de flores, cajas de dulces y otras golosinas, y todo apunta a que son detalles para la superheroína sin capa de cada hogar.

En los consultorios de pediatría se puede ver como las madres destacan por una paciencia que parece infinita y son capaces de olvidar sus propias necesidades por las de sus hijos. Ser madre es una de las experiencias más gratificantes que existen, pero también una de las más demandantes y, por ello, hoy se hace un pequeño homenaje para celebrar a esa mujer que hace todo lo posible por ser una madre ejemplar.

Algunos mitos que idealizan a la madre perfecta

Muchos han idealizado a la madre perfecta como un ser con una gran cantidad de virtudes, sin duda, un ser admirable, sin embargo, cuando las madres reales intentan convertirse en la madre ideal, la carga emocional por cumplir ese modelo puede ser asfixiante y lleva a las madres a sentir ansiedad, culpa y mucho agotamiento. Y por eso, desvelamos algunos mitos al respecto.

Mito 1. El instinto materno puede resolver cualquier problema

Una de las creencias más conocidas es que una mujer, por el hecho de ser una persona de ese sexo, ya sabe todo lo relacionado con la maternidad y el cuidado de los hijos. Muchos expertos afirman que la maternidad no es 100% instintiva, de hecho, se trata de una etapa de aprendizaje continuo. Sentir muchas dudas ante el cuidado de un recién nacido no es falta de instinto, se trata de una persona que está experimentando algo nuevo y necesita adaptarse.

Mito 2. Los hijos siempre son la prioridad

Este es uno de los mitos que más daño hace a las madres en la actualidad. Es cierto que los hijos necesitan cuidado y asistencia, principalmente los primeros años de vida, pero esto no significa que la madre no tenga derecho a su autocuidado. De hecho, prestar atención a las necesidades propias, aunque para muchos es un sinónimo de egoísmo, es vital para mantener la buena salud física y mental de la madre y así ella pueda proporcionar atención de alta calidad, no solo a sus hijos, sino a toda su familia, que son las personas que están bajo su cuidado.

Mito 3. Ser madre siempre es una experiencia feliz y gratificante

Es un mito que está muy relacionado con el anterior, y es que se idealiza que la felicidad es el único estado de ánimo que debe tener una madre. La realidad, es que la maternidad es una experiencia fabulosa y muy gratificante, pero también es muy desafiante, con periodos de estrés, y por qué no decirlo, también de tristeza. Lo importante es recordar que son personas reales, que reaccionan como lo haría cualquiera ante ciertas dificultades que se puedan presentar en su vida como madre.

Mito 4. Las madres que trabajan afectan el buen desarrollo de sus hijos

Este mito está vinculado a las horas del día que la madre trabaja y no dedica a la crianza de sus hijos. Sin embargo, no existe alguna evidencia que pueda sugerir que los hijos de madres que trabajan hayan experimentado algún efecto negativo relacionado con su evolución académica o afectiva.

De hecho, los expertos indican que es más importante la calidad que la cantidad. Es mejor pasar tiempo de calidad de atención con los hijos, que muchas horas al día juntos, pero sin compartir.

“Debería”… La palabra que genera frustración en buenas madres

Los mitos de cómo es una buena madre son idealizaciones del rol de la mujer con hijos. Está muy bien tener un modelo a seguir, pero si en tu vocabulario está muy presente la palabra “debería”, es una señal de que siempre estás esforzándote para encajar en el “estereotipo”.

Frases como “debería tener más paciencia”, “debería organizar mejor mi hogar”, “debería poder con todo” implican una deuda que tiene la mujer con su versión ideal de ser una madre. Está muy bien querer dar lo mejor en cada etapa de la vida, incluyendo la maternidad; pero si las propias exigencias no permiten disfrutar la maternidad, es momento de evaluar las propias limitaciones.

Esa diferencia que existe entre lo que eres y lo que deseas llegar a ser puede generar sensaciones muy negativas; sentimientos como culpa, frustración y fracaso se pueden hacer presentes en tu vida, y los resultados suelen ser muy negativos y se reflejan en la salud física y mental, lo que va a impedir disfrutar la etapa como madre, conectar con los hijos y estar presente para ellos.

Romper con el estereotipo

Lo primero que se debe aclarar es que romper con el estereotipo de madre perfecta no implica el dejar de cuidar a sus hijos, dejar de educarlos o cumplir cualquier otra actividad relacionada con la responsabilidad del bienestar de ellos. El cambio va a estar dirigido a manejar el nivel de exigencia, mayor flexibilidad y comprensión, y para lograrlo le invitamos a seguir algunas recomendaciones.

  1. Normalizar la vulnerabilidad. Sentimientos como tristeza, frustración o cansancio no la convierten en una mala madre, sino en una persona normal. Los expertos señalan que el primer paso para superar las emociones es hablar acerca de ellas.
  2. Buscar ayuda profesional. Pedir o requerir ayuda profesional no es un signo de debilidad; al contrario, es aceptar que hay situaciones que se escapan de su control, y quieren aplicar todos los recursos disponibles para poder manejarlas de la mejor manera posible.
  3. Redes de apoyo. Muchas madres se sienten cansadas y frustradas, y las redes de apoyo son una excelente herramienta para poder compartir experiencias reales y, por qué no, también consejos. Poder conversar con otras madres que se identifican con una situación puede convertirse en una experiencia liberadora.

Y para finalizar, si eres madre, recuerda soltar la culpa. Los hijos no necesitan una madre perfecta; lo que necesitan es una madre más humana que pueda estar presente en cada etapa de sus vidas, que se cuide y que sea muy feliz; porque el bienestar de los hijos está íntimamente unido al bienestar de quien los cuida y los atiende. Así que, regalen a las madres libertad y comprensión, que puedan descansar sin ser juzgadas, y que sus esfuerzos sean vistos y valorados.

Fiebre en niños: Realidades que todo padre debe saber

La fiebre en la infancia es, quizás, uno de los motivos más frecuentes de consulta pediátrica, porque es una de las mayores fuentes de ansiedad para los padres y cuidadores. Sin embargo, es importante saber que la fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma, una respuesta biológica defensiva normal y coordinada del organismo, y en ocasiones se puede tratar desde la comodidad del hogar; sin embargo, existen señales de alerta que indican la necesidad de la intervención de un médico.

1. ¿Qué es la fiebre y por qué ocurre?

La fiebre se define como un aumento de la temperatura corporal por encima de los límites considerados normales; estos suelen estar ubicados entre los 37,5°C y 38°C, dependiendo de la vía de medición (axilar, rectal o timpánica).

El centro termorregulador del cuerpo se encuentra en el hipotálamo. Cuando el organismo detecta la presencia de agentes extraños, como virus, bacterias o incluso tras la administración de ciertas vacunas, libera sustancias llamadas pirógenos. Estos pirógenos reprograman el termostato del hipotálamo a un nivel más alto.

¿Por qué les da fiebre a los niños?

Los niños manifiestan fiebre con mayor frecuencia que los adultos debido a que su sistema inmunológico está en pleno proceso de aprendizaje. Entre las causas más comunes se pueden mencionar las siguientes:

  • Infecciones virales. Son la causa principal. Cuadros como la gripe, el resfriado común y virus gastrointestinales suelen cursar con fiebre.
  • Infecciones bacterianas. Menos frecuentes, pero suelen ser más severas, como la otitis, infecciones urinarias o neumonías.
  • Procesos de inmunización. Es normal que luego de aplicar una vacuna el cuerpo genere una respuesta febril leve mientras crea anticuerpos.
  • Exceso de abrigo. En niños en periodo de lactancia, el exceso de ropa puede elevar la temperatura corporal, ya que su capacidad de autorregulación es aún inmadura.
  • Dentición. Aunque existe el mito de que la salida de los dientes causa fiebres altas, la evidencia médica sugiere que solo provoca un aumento leve de la temperatura, que rara vez supera los 38°C.

Es crucial comprender que la fiebre no es un enemigo como tal, de hecho, es beneficiosa. El calor dificulta la reproducción de los microorganismos presentes en virus y bacterias; además, acelera la respuesta de los glóbulos blancos para combatir la infección.

2. Cómo tratar la fiebre en casa: Guía de manejo

El objetivo principal al tratar la fiebre no debe ser bajar los números a toda costa, sino mejorar el confort del niño. Si un niño tiene 38.5°C pero juega, está hidratado y animado, el tratamiento puede ser menos agresivo que si tiene 38°C y se muestra muy decaído.

Medidas no farmacológicas

  • Hidratación constante. La fiebre aumenta la pérdida de líquidos a través de la piel y la respiración. Es importante ofrecer agua, suero oral, leche materna o caldos de forma frecuente, es vital para evitar la deshidratación.
  • Ropa ligera. No se debe arropar al niño para que sude la fiebre; esto puede elevar la temperatura a niveles peligrosos. Lo ideal es que use ropa de algodón ligera y mantenga la habitación a una temperatura agradable, puede ser unos 22°C.
  • Baños de agua templada. No deben ser de agua fría, porque puede causar escalofríos, lo que puede incrementar la temperatura corporal. Tampoco se recomienda aplicar alcohol, porque el alcohol se absorbe por la piel y es tóxico. Un baño con agua tibia es la mejor opción, porque puede ayudar a relajar al niño. Pero si este llora o tiene escalofríos, es mejor retirarlo, ya que el estrés puede subir más la temperatura.

Uso de antipiréticos

Los medicamentos más utilizados bajo supervisión pediátrica son:

  • Paracetamol.Suele ser la primera opción. Se puede administrar cada 4 o 6 horas según la dosis recomendada por el peso del niño.
  • Ibuprofeno. Generalmente indicado para niños mayores de 6 meses. Tiene efectos antiinflamatorios adicionales.

Nota importante. Nunca administre aspirina (ácido acetilsalicílico) a niños o adolescentes con fiebre, debido al riesgo de desarrollar el Síndrome de Reye, una enfermedad rara pero potencialmente mortal.

3. ¿Cuándo es momento de acudir al médico?

La mayoría de los cuadros febriles son autolimitados y desaparecen en 2 o 3 días. Sin embargo, la decisión de acudir a urgencias o comunicarse con el pediatra va a depender de ciertos criterios.

Criterios de urgencia inmediata:

  • Edad.Cualquier bebé menor de 3 meses con una temperatura superior a 38°C debe ser evaluado de inmediato por un pediatra.
  • Dificultad respiratoria. Si nota que el niño hunde las costillas al respirar, respira muy rápido o hace ruidos extraños.
  • Estado de conciencia. Si el niño está excesivamente somnoliento, difícil de despertar o, por el contrario, presenta una irritabilidad extrema que no se calma con nada.
  • Manchas en la piel. La aparición de manchas de color rojo oscuro o morado que no desaparecen al presionar la piel, esto se conoce como petequias.
  • Signos de deshidratación. Boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos o si el niño pasa más de 6 u 8 horas sin orinar.
  • Convulsiones febriles. Aunque suelen ser benignas, el primer episodio debe ser siempre evaluado por un profesional.
  • Rigidez de nuca o dolor de cabeza intenso.

Criterios de consulta en 24-48 horas:

  • Si la fiebre persiste por más de 3 días sin una causa clara.
  • Si el niño tiene dolor al orinar.
  • Si después de bajar la fiebre el niño sigue estando muy decaído o sin interés en el entorno.

4. Mitos comunes sobre la fiebre

  • La fiebre alta causa daño cerebral. La fiebre que es producto de infecciones rara vez supera los 41°C. Solo las temperaturas por encima de 42°C, que son el resultado de causas ambientales, como un golpe de calor, pueden causar daño neurológico.
  • Hay que despertar al niño para darle la medicina. Si el niño duerme plácidamente, su cuerpo está descansando. Es mejor dejarlo dormir y administrar el medicamento cuando despierte, a menos que presente signos de dificultad respiratoria.
  • La dentición causa fiebres altas. La salida de los dientes puede causar una ligera elevación de la temperatura, pero rara vez supera los 38°C. Si hay fiebre alta, lo más probable es que coincida con una infección viral.

La observación es la mejor herramienta. Si su hijo tiene fiebre, pero mantiene contacto visual, juega de a ratos y está hidratado, lo más probable es que su cuerpo esté librando una batalla exitosa contra un virus pasajero.

La fiebre, en realidad, es un aliado del sistema inmunitario de los niños. Como padres y cuidadores, el enfoque debe pasar del miedo a la fiebre a la observación cuidadosa del estado general del niño. La hidratación, el confort térmico y el uso responsable de medicamentos son las herramientas más valiosas en el hogar. Ante la duda, siempre prevalece el criterio del médico pediatra, quien es el único capacitado para diagnosticar las causas que están generando la fiebre.

 

Fuentes: