El segundo domingo de mayo se celebra el Día de las Madres; es un día en el cual se puede apreciar en las calles a personas con paquetes envueltos en papel de regalo, ramos de flores, cajas de dulces y otras golosinas, y todo apunta a que son detalles para la superheroína sin capa de cada hogar.

En los consultorios de pediatría se puede ver como las madres destacan por una paciencia que parece infinita y son capaces de olvidar sus propias necesidades por las de sus hijos. Ser madre es una de las experiencias más gratificantes que existen, pero también una de las más demandantes y, por ello, hoy se hace un pequeño homenaje para celebrar a esa mujer que hace todo lo posible por ser una madre ejemplar.

Algunos mitos que idealizan a la madre perfecta

Muchos han idealizado a la madre perfecta como un ser con una gran cantidad de virtudes, sin duda, un ser admirable, sin embargo, cuando las madres reales intentan convertirse en la madre ideal, la carga emocional por cumplir ese modelo puede ser asfixiante y lleva a las madres a sentir ansiedad, culpa y mucho agotamiento. Y por eso, desvelamos algunos mitos al respecto.

Mito 1. El instinto materno puede resolver cualquier problema

Una de las creencias más conocidas es que una mujer, por el hecho de ser una persona de ese sexo, ya sabe todo lo relacionado con la maternidad y el cuidado de los hijos. Muchos expertos afirman que la maternidad no es 100% instintiva, de hecho, se trata de una etapa de aprendizaje continuo. Sentir muchas dudas ante el cuidado de un recién nacido no es falta de instinto, se trata de una persona que está experimentando algo nuevo y necesita adaptarse.

Mito 2. Los hijos siempre son la prioridad

Este es uno de los mitos que más daño hace a las madres en la actualidad. Es cierto que los hijos necesitan cuidado y asistencia, principalmente los primeros años de vida, pero esto no significa que la madre no tenga derecho a su autocuidado. De hecho, prestar atención a las necesidades propias, aunque para muchos es un sinónimo de egoísmo, es vital para mantener la buena salud física y mental de la madre y así ella pueda proporcionar atención de alta calidad, no solo a sus hijos, sino a toda su familia, que son las personas que están bajo su cuidado.

Mito 3. Ser madre siempre es una experiencia feliz y gratificante

Es un mito que está muy relacionado con el anterior, y es que se idealiza que la felicidad es el único estado de ánimo que debe tener una madre. La realidad, es que la maternidad es una experiencia fabulosa y muy gratificante, pero también es muy desafiante, con periodos de estrés, y por qué no decirlo, también de tristeza. Lo importante es recordar que son personas reales, que reaccionan como lo haría cualquiera ante ciertas dificultades que se puedan presentar en su vida como madre.

Mito 4. Las madres que trabajan afectan el buen desarrollo de sus hijos

Este mito está vinculado a las horas del día que la madre trabaja y no dedica a la crianza de sus hijos. Sin embargo, no existe alguna evidencia que pueda sugerir que los hijos de madres que trabajan hayan experimentado algún efecto negativo relacionado con su evolución académica o afectiva.

De hecho, los expertos indican que es más importante la calidad que la cantidad. Es mejor pasar tiempo de calidad de atención con los hijos, que muchas horas al día juntos, pero sin compartir.

“Debería”… La palabra que genera frustración en buenas madres

Los mitos de cómo es una buena madre son idealizaciones del rol de la mujer con hijos. Está muy bien tener un modelo a seguir, pero si en tu vocabulario está muy presente la palabra “debería”, es una señal de que siempre estás esforzándote para encajar en el “estereotipo”.

Frases como “debería tener más paciencia”, “debería organizar mejor mi hogar”, “debería poder con todo” implican una deuda que tiene la mujer con su versión ideal de ser una madre. Está muy bien querer dar lo mejor en cada etapa de la vida, incluyendo la maternidad; pero si las propias exigencias no permiten disfrutar la maternidad, es momento de evaluar las propias limitaciones.

Esa diferencia que existe entre lo que eres y lo que deseas llegar a ser puede generar sensaciones muy negativas; sentimientos como culpa, frustración y fracaso se pueden hacer presentes en tu vida, y los resultados suelen ser muy negativos y se reflejan en la salud física y mental, lo que va a impedir disfrutar la etapa como madre, conectar con los hijos y estar presente para ellos.

Romper con el estereotipo

Lo primero que se debe aclarar es que romper con el estereotipo de madre perfecta no implica el dejar de cuidar a sus hijos, dejar de educarlos o cumplir cualquier otra actividad relacionada con la responsabilidad del bienestar de ellos. El cambio va a estar dirigido a manejar el nivel de exigencia, mayor flexibilidad y comprensión, y para lograrlo le invitamos a seguir algunas recomendaciones.

  1. Normalizar la vulnerabilidad. Sentimientos como tristeza, frustración o cansancio no la convierten en una mala madre, sino en una persona normal. Los expertos señalan que el primer paso para superar las emociones es hablar acerca de ellas.
  2. Buscar ayuda profesional. Pedir o requerir ayuda profesional no es un signo de debilidad; al contrario, es aceptar que hay situaciones que se escapan de su control, y quieren aplicar todos los recursos disponibles para poder manejarlas de la mejor manera posible.
  3. Redes de apoyo. Muchas madres se sienten cansadas y frustradas, y las redes de apoyo son una excelente herramienta para poder compartir experiencias reales y, por qué no, también consejos. Poder conversar con otras madres que se identifican con una situación puede convertirse en una experiencia liberadora.

Y para finalizar, si eres madre, recuerda soltar la culpa. Los hijos no necesitan una madre perfecta; lo que necesitan es una madre más humana que pueda estar presente en cada etapa de sus vidas, que se cuide y que sea muy feliz; porque el bienestar de los hijos está íntimamente unido al bienestar de quien los cuida y los atiende. Así que, regalen a las madres libertad y comprensión, que puedan descansar sin ser juzgadas, y que sus esfuerzos sean vistos y valorados.