Nos encontramos viviendo en la era digital, una época en la cual los dispositivos con pantalla, como teléfonos inteligentes, tabletas, televisores y consolas de videojuegos, se han integrado de manera profunda en las actividades del día a día. Y, aunque son herramientas educativas que no se pueden ignorar, su presencia en las manos de niños con edades cada vez más tempranas ha desencadenado una ola de preocupación entre pediatras, neurólogos y educadores. El cerebro infantil experimenta un periodo de plasticidad crítica durante sus primeros años de vida, etapa en la cual cada estímulo del entorno moldea la arquitectura del cerebro. El uso desmedido o inoportuno de las pantallas altera este proceso vital e incrementa el riesgo de presentar retrasos significativos en el neurodesarrollo del niño.
Directrices de la OMS. Tiempos máximos de exposición por edad
Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus directrices generales acerca de la actividad física, comportamiento sedentario y sueño para niños menores de 5 años. El organismo hace especial énfasis en que el tiempo dedicado a actividades sedentarias frente a una pantalla debe ser sustituido por actividades de juego activo, exploración táctil e interacción humana de calidad, no ante una pantalla.
- Entre 0 y 12 meses – Cero pantallas. Se debe priorizar el juego en el suelo, la interacción cara a cara con el bebé y el descanso adecuado.
- Entre 1 y 2 años – Cero pantallas. Enfocarse en el movimiento libre, el desarrollo motor y la exploración del entorno real.
- Entre 2 y 4 años – Exposición hasta 1 hora al día. No es obligatorio que el niño sea expuesto a pantallas, pero si el padre o responsable decide hacerlo, se recomienda optar por contenido de calidad y siempre bajo la supervisión de un adulto.
- Entre 5 y 17 años – Exposición hasta 2 horas al día (Uso recreativo). En esta etapa, es necesario mantener el equilibrio entre la exposición a las pantallas, la actividad física y el sueño reparador.
Observación. Organizaciones reconocidas como la OMS y la Academia Americana de Pediatría para los menores de 2 años, son las videollamadas breves con familiares que se encuentran lejos, geográficamente, ya que representa una interacción social real y bidireccional.
La ciencia detrás de las pantallas. Impacto en el neurodesarrollo
Los bebés nacen con un cerebro que contiene miles de millones de neuronas que requieren conexiones (sinapsis) para madurar. Estas conexiones se fortalecen mediante experiencias tridimensionales y sensoriales, como tocar texturas, manipular objetos, medir distancias en el espacio y, sobre todo, interpretar las expresiones faciales y el tono de voz de sus cuidadores. Son experiencias indispensables para el buen desarrollo neuronal del niño en diferentes aspectos.
Desarrollo cognitivo y del lenguaje
El lenguaje no se aprende de forma pasiva escuchando palabras a través de un altavoz o viendo dibujos animados; se adquiere mediante la interacción bidireccional, es decir, comunicación de ida y vuelta, que uno hable y el otro responda. Los niños expuestos a pantallas antes de los 2 años suelen presentar un menor vocabulario y retrasos en el hito del habla. La pantalla ofrece un estímulo bidimensional acelerado que la mente inmadura no logra procesar ni transferir al mundo real.
Atrofia de la atención y control ejecutivo
Los contenidos audiovisuales infantiles modernos destacan por el uso de muchos colores, cambios de planos muy rápidos y sonidos estridentes. Este ritmo desmedido sobreestimula el sistema de recompensa del cerebro, el cual libera dopamina en exceso. Cuando esto se vuelve un hábito, el cerebro en desarrollo se acostumbra a un nivel de estimulación irreal, haciendo que el mundo físico, con actividades cotidianas como asistir a clases, ejercitarse o leer un libro, parezca aburrido. Esto compromete la corteza prefrontal, que es el área encargada de las funciones ejecutivas.
- Control de impulsos y autorregulación emocional.
- Capacidad de concentración y atención sostenida.
- Memoria de trabajo y planificación.
Desarrollo motor y salud física
El neurodesarrollo está íntimamente ligado al desarrollo motor. Para que un niño desarrolle habilidades cognitivas complejas, primero debe dominar su propio cuerpo, que es lo que hace en sus diferentes etapas, como gatear, rodar, correr y manipular objetos con las manos. El tiempo en la pantalla, además de los efectos neurológicos asociados por esa exposición, también desarrolla sedentarismo en el niño. Un niño sentado ante una pantalla ya no tiene interés en explorar, y esto contribuye al retraso en la psicomotricidad fina y gruesa, además de asociarse directamente con la obesidad infantil y alteraciones en su postura.
Alteraciones del sueño y regulación emocional
La luz azul que emiten las pantallas inhibe la secreción de melatonina, que es la hormona responsable de conciliar el sueño. Y un niño con privación de sueño crónica presenta mayor irritabilidad, les resulta difícil gestionar la frustración y déficits severos de atención durante el día. Además, el uso de pantallas como premio para calmar berrinches impide que el menor desarrolle estrategias internas de autorregulación emocional.
Estrategias para disminuir el uso de pantalla en las familias
Es importante señalar que la tecnología es parte de nuestro día a día, y reducir el tiempo de pantalla en el hogar no implica eliminar la tecnología de forma drástica, sino integrarla con límites claros y conscientemente estructurados. Es decir, aprender a convivir con ella. Y si no sabe por dónde comenzar a hacer estos cambios, le invitamos a considerar las siguientes estrategias.
- Crear zonas y momentos libres de tecnología. Establecer que la mesa durante las comidas, la habitación a la hora de dormir y los trayectos cortos en vehículo sean espacios libres de dispositivos.
- Priorizar la co-viewing (Co-visionado). En niños mayores de 2 años, el contenido debe verse en compañía de un adulto. Pero no solo se debe limitar a vigilar el contenido; también debe hablar sobre lo que sucede en la pantalla y ayudar a traducir, para el niño, la experiencia bidimensional a conceptos del mundo real.
- Evitar la pantalla como tranquilizante. Es cierto que un dispositivo puede calmar un berrinche en segundos, pero las consecuencias a largo plazo son peores. Porque al dar un dispositivo para calmar la rabieta, está impidiendo que el niño aprenda a procesar la frustración y la rabia. Y todos sabemos que el mundo no es color de rosas.
- Predicar con el ejemplo. El aprendizaje infantil se basa en el modelado por imitación. Si los padres pasan horas desplazándose en el teléfono móvil en presencia de los hijos, los niños imitarán ese patrón de atención fragmentada.
- Promover el juego no estructurado. El aburrimiento es el catalizador de la creatividad infantil. El juego libre con bloques, plastilina, dibujo o al aire libre fortalece la conectividad cerebral de manera muy superior a cualquier “aplicación educativa”.
Las recomendaciones de la OMS no catalogan a la tecnología como un enemigo, sino como una herramienta que debemos usar de manera inteligente para proteger la infancia de nuestros pequeños y que puedan disfrutar de una vida adulta sana. Garantizar un entorno rico en experiencias físicas, afectivas y verbales es la mejor inversión para asegurar un neurodesarrollo pleno, saludable y resiliente.
Fuentes:
- García, S. y Días, T. (2022). El uso de pantallas electrónicas en niños pequeños y de edad preescolar. Artículo en línea. Arch. argent. pediatr. vol.120 no.5 Buenos Aires. Disponible en: https://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S0325-00752022000500011&script=sci_arttext
- Iglesias, D. (2026). Pantallas en pediatría. Monografía en línea. Disponible en: https://www.sup.org.uy/wp-content/uploads/2025/09/Pantallas-trabajo_N.pdf
- Puyol, J., Guerrero, A. y Herrera, C. (2025) Gamificación y aprendizaje significativo de las matemáticas en educación primaria. Artículo en línea. Revista de Investigación y Liderazgo, 2(4), 32. Disponible en: https://revistacym.com/index.php/home/article/view/118
