Exceso de comida en niños durante la Navidad

La Navidad es, por antonomasia, la época de la abundancia. Las mesas se llenan de preparaciones ricas en grasas, azúcares refinados y harinas, creando un entorno donde el comer de más se normaliza y, a menudo, se fomenta. Para los niños, cuyo sistema digestivo y mecanismos de autorregulación del hambre aún están en desarrollo, este exceso no es trivial. Lo que comienza como un gusto estacional puede derivar en malestares inmediatos y en la consolidación de hábitos poco saludables a largo plazo. Entender los riesgos y aprender a gestionar la ingesta es fundamental para que las festividades no dejen una huella negativa en el bienestar infantil.

El entorno navideño y la pérdida de hábitos

Durante el mes de diciembre, las rutinas escolares y domésticas suelen relajarse. Esto incluye no solo los horarios de sueño, sino también la estructura de las comidas. Los niños se ven expuestos a lo que los nutricionistas llaman un entorno obesogénico: una disponibilidad constante de alimentos ultraprocesados que son diseñados para ser extremadamente sabrosos pero poco nutritivos, como turrones, chocolates, panetones, por mencionar algunos.

La publicidad, los regalos comestibles y la permisividad de los adultos bajo el lema: es solo una vez al año, fomentan un consumo que ignora las señales biológicas de saciedad del niño.

Daños y consecuencias del exceso de comida

El impacto de la sobrealimentación navideña se manifiesta en tres niveles: inmediato, metabólico y conductual.

1.      Consecuencias inmediatas (Agudas)

Estas son las alteraciones que se perciben en corto plazo, y pueden crear malestar en el niño.

  • Trastornos gastrointestinales. El síntoma más común es la dispepsia o indigestión, acompañada de náuseas, dolor abdominal, estreñimiento o diarrea. El exceso de grasas ralentiza el vaciado gástrico, provocando pesadez extrema.
  • Alteraciones del sueño. Las cenas copiosas y el consumo de azúcar y cafeína que se encuentran en refrescos y chocolates afectan la calidad del sueño. Un niño con picos de glucosa nocturnos tendrá dificultades para conciliar el sueño y estará irritable al día siguiente.
  • Alergias e intolerancias. La Navidad introduce alimentos que los niños no consumen habitualmente, como los frutos secos, mariscos, colorantes artificiales, lo que incrementa el riesgo de reacciones alérgicas no diagnosticadas previamente.

2.      Impacto metabólico y de salud

El consumo masivo de turrones, chocolates y refrescos provoca picos de glucosa en sangre, entre otras condiciones de salud. En los niños, este proceso suele manifestarse de diferentes maneras.

  • Hiperactividad e irritabilidad. Los cambios bruscos de glucemia afectan el comportamiento y el estado de ánimo.
  • Picos de insulina. El consumo masivo de azúcares simples provoca una respuesta insulínica agresiva. Si esto se repite durante las dos o tres semanas que duran las fiestas, se puede observar un aumento de peso significativo que, en niños con predisposición, es difícil de revertir.
  • Salud dental. La exposición prolongada a azúcares pegajosos aumenta drásticamente el riesgo de caries rampantes.
  • Reducción de glóbulos blancos. Los glóbulos blancos ayudan a combatir las bacterias, así que la reducción de su producción puede hacer que los niños sean más susceptibles a resfriados o gripes.

3.      Impacto conductual y psicológico

Una dieta inapropiada puede hacer mucho más que aumentar de peso o la presencia de caries repentinas; puede afectar la conducta del niño y su relación con la comida.

  • Relación emocional con la comida. Utilizar los dulces como premio o centro de la celebración enseña al niño que la comida es la principal fuente de gratificación emocional, sentando las bases para futuros trastornos por atracón o ansiedad por la comida.

Cómo controlar la ingesta. Estrategias para padres

El objetivo no es prohibir, sino gestionar. La restricción absoluta suele generar más ansiedad y deseo por el alimento prohibido, lo que dificulta el control de la ingesta de alimentos.

La regla del plato equilibrado

Incluso en Navidad, el plato del niño debe seguir una lógica nutricional. Se recomienda que al menos la mitad del plato contenga vegetales, como ensaladas con colores atractivos o cremas de verduras. Esto garantiza un aporte de fibra que generará saciedad antes de llegar a los postres.

Control de las porciones de dulces

En lugar de dejar la bandeja de dulces en el centro de la mesa durante toda la tarde, es mejor seleccionar una porción pequeña y servirla en un plato individual. Esto ayuda al niño a visualizar cuánto está consumiendo.

La hidratación como prioridad

Muchas veces, los niños confunden la sed con el hambre. El agua debe ser la bebida principal en la mesa. Los refrescos y jugos industriales deben limitarse a momentos puntuales del brindis, evitando que sean la fuente de hidratación durante toda la comida.

Mantener la actividad física

La Navidad no debe ser puramente sedentaria. Fomentar juegos al aire libre, paseos familiares para ver las luces o actividades deportivas ayuda a compensar el exceso calórico y mejora la digestión.

El papel del ejemplo adulto

Los niños imitan lo que ven. Si los padres mantienen una actitud de voracidad o comen de forma desordenada, es poco probable que el niño aprenda a moderarse. Practicar la alimentación consciente al comer despacio, saborear y detenerse al estar satisfecho es una lección de salud que los padres deben modelar.

La clave de la Navidad con niños no es la restricción severa, que solo genera deseo y rebeldía, sino la exposición controlada. Un niño que disfruta de una cena especial, pero que mantiene una base nutricional sólida y una rutina de actividad, no sufrirá las consecuencias de los excesos. Como padres, el objetivo es enseñarles que la fiesta reside en la compañía y la tradición, y que la comida es solo un complemento de la celebración, no el eje central que pone en riesgo su bienestar.

 

Fuentes:

Fuegos artificiales y niños: Seguridad ante todo

Las festividades populares en todo el mundo suelen estar acompañadas de luces y estallidos en el cielo. Sin embargo, lo que para muchos es un espectáculo de alegría, para los más vulnerables, especialmente los niños, puede transformarse en una situación de alto riesgo. La curiosidad natural de la infancia, sumada a la falta de percepción del peligro y la inmadurez de sus sistemas sensoriales, convierte a los fuegos artificiales en una de las causas más frecuentes de ingresos hospitalarios por traumatismos evitables durante las festividades.

Debido a la importancia del tema, en especial durante la época de Navidad, hoy exploraremos los riesgos físicos, las implicaciones en la salud mental y sensorial de los niños, y las medidas de prevención indispensables para garantizar que la celebración no termine en tragedia.

Los riesgos de los fuegos artificiales en ambientes infantiles

El uso de pirotecnia conlleva peligros que van más allá de una simple quemadura. Los niños, debido a su corta estatura, piel más fina y falta de percepción del peligro, son las víctimas más frecuentes de accidentes graves.

Lesiones físicas comunes

  • Quemaduras de segundo y tercer grado. Contrario a la creencia popular, las estrellitas o luces de bengala no son inofensivas. Pueden alcanzar temperaturas de hasta 1000°C, lo suficiente para derretir metales y causar daños profundos en la dermis en cuestión de segundos.
  • Traumatismos oculares. Las chispas y los residuos proyectados pueden causar desde úlceras corneales hasta el desprendimiento de retina o la pérdida total de la visión.
  • Mutilaciones y amputaciones. Los artefactos de alta potencia, que son los que hacen un fuerte ruido, considerados como detonantes, pueden explotar antes de tiempo, afectando principalmente los dedos y las manos de los menores que intentan manipularlos.
  • Daño auditivo. El estallido de un petardo cerca de un niño puede superar los 140 decibelios, nivel que causa dolor inmediato y puede generar una pérdida auditiva irreversible o tinnitus.
  • Intoxicación. Muchos fuegos artificiales contienen metales pesados y sustancias químicas como el nitrato de bario o el fósforo blanco. Si un niño manipula estos artefactos y luego se lleva las manos a la boca, o peor aún, ingiere parte del material, el riesgo de intoxicación es muy elevado.

¿Cómo alteran los fuegos artificiales la salud de los niños?

Más allá de las lesiones visibles, la pirotecnia impacta el bienestar integral del niño, afectando sistemas que a menudo pasan desapercibidos por los adultos.

Salud sensorial y neurodiversidad

Para los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o trastornos del procesamiento sensorial, los fuegos artificiales no son arte; en realidad son una tortura. Su hipersensibilidad auditiva hace que el ruido se perciba con una intensidad insoportable, desencadenando algunos episodios nada agradables.

  • Crisis de ansiedad y pánico.
  • Agresividad o llanto incontrolable.
  • Autolesiones en un intento por mitigar la sobrecarga sensorial.

Salud auditiva

El sistema auditivo de los niños es mucho más sensible que el de los adultos. Las explosiones de pirotecnia pueden superar los 140 decibelios, siendo este el umbral de dolor para el oído humano. La exposición a estos ruidos puede causar tinnitus, una condición que se caracteriza por zumbidos permanentes o pérdida auditiva temporal o irreversible.

Problemas respiratorios y toxicidad

La combustión de la pólvora libera metales pesados como bario, estroncio, cobre, así como partículas finas conocidas como PM2.5. Estas son partículas que penetran profundamente en los pulmones, y podrían agravar cuadros de asma, bronquitis o alergias en niños pequeños, cuyos sistemas respiratorios aún están en desarrollo.

Impacto psicológico

El factor sorpresa y el estruendo pueden generar niveles elevados de cortisol, que es la hormona del estrés, provocando trastornos del sueño, pesadillas y un estado de alerta constante que puede durar varios días después del evento.

Medidas de seguridad para el manejo de pirotecnia

La recomendación principal de los expertos en el tema es evitar el uso doméstico de pirotecnia y optar por espectáculos profesionales. Si aun así se decide utilizarlos, se deben seguir reglas estrictas, por el bienestar de todos.

Reglas de oro para adultos

  • Distancia de seguridad. Los niños deben mantenerse al menos a 15 metros de la zona de encendido. En espectáculos grandes, la distancia recomendada es de al menos 150 metros.
  • Cero manipulación infantil. Un niño nunca debe encender, sostener o recoger restos de fuegos artificiales, incluso si parecen estar apagados. Los adultos deben ser encargados de estas actividades y no deben estar bajo los efectos del alcohol.
  • Preparación para emergencias. Tenga siempre a mano un balde con agua o una manguera. Si un artefacto no explota, nunca intente volver a encenderlo; espere 20 minutos y sumérjalo en agua.
  • Protección auditiva. El uso de tapones u orejeras protectoras puede reducir significativamente el impacto del ruido en los más pequeños.
  • Vestimenta adecuada. Evite que los niños usen ropa de fibras sintéticas, como el poliéster, cerca de chispas, ya que estas telas se inflaman y se adhieren a la piel rápidamente. Es preferible el algodón.

¿Qué hacer en caso de accidente?

Si ocurre una lesión, la rapidez y el modo de actuar son vitales:

  • Quemaduras. Lave la zona con abundante agua fría (no helada) durante 20 minutos. No aplique hielo, pasta de dientes, pomadas o aceites, ya que pueden infectar la herida. Cubra con una gasa limpia y acuda a urgencias.
  • Ropa en llamas. Enseñe al niño a Detenerse, Tirarse y Rodar. Nunca debe correr, pues el aire aviva el fuego.
  • Ojos. No permita que el niño se frote el ojo. No aplique gotas ni intente lavar el interior. Cubra el ojo con un cono de papel o protector rígido y acuda a emergencias.

La seguridad de los niños ante los fuegos artificiales no es una cuestión de prohibición caprichosa, sino de protección de su integridad física y emocional. Una celebración responsable es aquella donde la alegría no se ve empañada por un accidente que pudo haberse evitado con supervisión y sentido común. La mejor manera de disfrutar las luces es, sin duda, desde una distancia segura y lejos del peligro de la pólvora. De hecho, la tendencia global se inclina cada vez más hacia la pirotecnia fría o lumínica (sin ruido), que permite disfrutar del color sin dañar la salud auditiva ni afectar a niños con sensibilidad sensorial.

 

Fuentes:

 

    5 Aspectos importantes para la salud de niños deportistas

    El deporte en la infancia es una herramienta poderosa para el desarrollo integral de los niños. Sin embargo, para que los beneficios superen los riesgos, es crucial que los padres, entrenadores y cuidadores presten especial atención a las necesidades únicas de los jóvenes atletas. A menudo, el deseo de sobresalir o la intensidad de la actividad pueden llevar al agotamiento, las lesiones o incluso problemas nutricionales y de salud mental. Para disminuir estos riesgos, te invitamos a considerar estos 5 aspectos importantes para la salud de niños deportistas.

    1. Nutrición

    La nutrición adecuada es, sin duda, la base del rendimiento y la salud en los jóvenes deportistas. Los niños que participan en deportes tienen un gasto energético mayor que los niños sedentarios, lo que requiere un aumento estratégico en la ingesta calórica y la calidad de los nutrientes.

    • Carbohidratos complejos. Los carbohidratos son la fuente primaria de energía para el músculo. Es vital asegurar que la dieta incluya suficientes carbohidratos complejos, tales como: granos integrales, frutas, verduras, legumbres; para reponer el glucógeno muscular y hepático gastado. La Academia Americana de Pediatría (AAP) destaca la necesidad de una ingesta constante, especialmente entre 1 y 4 horas antes de la actividad intensa, y en el periodo entre 30-60 minutos posteriores, con el objetivo de optimizar la recuperación.
    • Proteínas. Las proteínas, conformadas por carnes magras, pescado, lácteos, huevos, legumbres; son esenciales para la reparación y el crecimiento muscular. Aunque los requerimientos son más altos que en adultos, una dieta bien balanceada generalmente cubre estas necesidades. No se recomiendan suplementos proteicos a menos que lo indique un médico o dietista pediátrico.
    • Micronutrientes clave. El hierro es un elemento fundamental para el transporte de oxígeno, por lo que los deportistas infantiles requieren una ingesta adecuada del mismo, así como de calcio y vitamina D, los cuales les ayudarán a proteger su salud ósea y la prevención de fracturas por estrés.

    2. Hidratación

    La hidratación es el factor más subestimado; sin embargo, es el elemento más crítico para la seguridad y el rendimiento. Los niños son fisiológicamente menos eficientes que los adultos en la disipación del calor, lo que los hace más susceptibles al golpe de calor y la deshidratación. Su tasa de sudoración es menor, y a menudo no perciben la sed hasta que ya están deshidratados.

    • La regla de oro. Los niños deben beber agua antes, durante y después del ejercicio, independientemente de si sienten sed.
    • Agua vs. bebidas deportivas. Para la mayoría de los entrenamientos que duran menos de una hora, el agua es la mejor opción. Las bebidas deportivas, que se caracterizan por contener electrolitos y carbohidratos, son recomendadas para actividades prolongadas o muy intensas, que tengan una duración entre 60 y 90 minutos. Es importante evitar las bebidas energéticas, que contienen estimulantes, porque no son adecuadas para niños.
    • Monitoreo del color de la orina. Este es un excelente indicador, muy simple, económico y eficaz. Se trata de verificar el color de la orina, que debe ser de un amarillo pálido claro.

    3. Descanso y sueño

    El crecimiento y la reparación no ocurren durante el ejercicio, de hecho, ocurren durante el momento del descanso. Periodos de sueño inadecuados son un precursor directo de la fatiga crónica, la disminución del rendimiento, el deterioro del sistema inmunológico y, fundamentalmente, un mayor riesgo de lesiones deportivas.

    • Horas de sueño necesarias. Los niños y adolescentes deportistas, debido a la alta demanda física, necesitan incluso más que las 8-10 horas recomendadas para los niños y adolescentes que no practican deportes. Y, el sueño debe ser de calidad.
    • La importancia del día libre. Es necesario que el niño tenga al menos uno o dos días libres a la semana sin actividad deportiva organizada para permitir que el cuerpo se recupere completamente. De esta manera, podrá ayudar a prevenir el síndrome de sobreentrenamiento, conocido como Síndrome de Burnout, cuyos síntomas son, una disminución inexplicable del rendimiento, fatiga persistente e irritabilidad.
    • Recuperación activa y pasiva. Fomentar la recuperación pasiva, a través de siestas cortas y sueño nocturno; y la recuperación activa, con la ayuda de estiramientos ligeros o caminatas suaves, en los días posteriores a la competencia intensa.

    Importante. Los programas de entrenamiento deben ser supervisados para evitar la especialización temprana o excesiva. Participar en un solo deporte todo el año sin descanso aumenta el riesgo de lesiones por sobreuso, como tendinitis y fracturas por estrés. Y los expertos recomiendan la participación multideportiva hasta la adolescencia.

    4. Salud mental y equilibrio

    El bienestar emocional es tan importante como la aptitud física, y así alcanzar un equilibrio. La presión excesiva, ya sea autoimpuesta o externa, por ejemplo, por parte de los padres o entrenadores, puede convertir una actividad placentera en una fuente de estrés y ansiedad.

    • Enfoque en el esfuerzo, no solo en el resultado. Padres y entrenadores deben fomentar una mentalidad de crecimiento, alabando el esfuerzo, la disciplina y la mejora en lugar de únicamente la victoria o el talento natural. Esto reduce el miedo al fracaso.
    • Señales de alerta. Estar atento a signos de sobreentrenamiento o estrés, como la pérdida de disfrute del deporte, irritabilidad, ansiedad, cambios en los patrones de sueño o alimentación, o una disminución inexplicable del rendimiento escolar.
    • La identidad fuera del deporte. Es esencial que el niño cultive otras identidades y pasatiempos fuera del campo de juego. El deporte debe ser una parte de su vida, no la totalidad. El apoyo emocional debe ser incondicional, independientemente del éxito deportivo.

    5. Prevención de lesiones

    Las lesiones son la consecuencia más común de la actividad deportiva intensa. La mayoría de las lesiones pediátricas deportivas son lesiones por sobreuso, no traumáticas. Una prevención efectiva se basa en la preparación física adecuada y el uso de equipo de protección.

    • Calentamiento y enfriamiento. Todo entrenamiento o juego debe comenzar con un calentamiento dinámico, que esté conformado por ejercicios que imitan el movimiento del deporte; y terminar con un enfriamiento y estiramientos estáticos. Esto aumenta el flujo sanguíneo, mejora la elasticidad muscular y reduce el riesgo de lesiones.
    • Equipo de protección. Padres y entrenadores deben asegurarse de que el niño use el equipo de protección adecuado para el deporte que practiquen, y que esté en buen estado.
    • Evaluación médica pre-participación. El niño debe pasar un examen físico anual, realizado por un pediatra; así podrán identificar posibles condiciones preexistentes, como el asma, que podrían poner en riesgo al niño durante la actividad deportiva.
    • Progresión gradual del entrenamiento. La carga de entrenamiento debe aumentar de forma lenta y progresiva, evitando saltos bruscos en intensidad, duración o frecuencia.

    La participación en el deporte es una inversión invaluable en la salud futura de un niño. Al priorizar la nutrición, la hidratación, el descanso, el bienestar emocional y la prevención de lesiones, los padres y entrenadores pueden crear un entorno de apoyo que fomente la excelencia atlética sin comprometer el crecimiento y la salud a largo plazo. Un niño sano es un atleta feliz, y un atleta feliz es el que tiene más probabilidades de perseverar y disfrutar de los beneficios del deporte de por vida.

     

    Fuentes:

    • Academy of Nutrition and Dietetics, Dietitians of Canada, and American College of Sports Medicine (ACSM). (2016). Nutrition and Athletic Performance: Joint Position Statement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 543-568.
    • American Academy of Pediatrics (AAP). (2018). Sports Specialization and Intensive Training in Young Athletes: American Academy of Pediatrics Policy Statement. Pediatrics, 142(3).
    • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). (2020). Heads Up: Concussion in Youth Sports. Atlanta, GA: CDC.
    • Council on Sports Medicine and Fitness, AAP. (2011). Clinical Report – Sport-Related Concussion in Children and Adolescents. Pediatrics, 1178-1188.
    • Faigenbaum, A. D., & Myer, G. D. (2010). Resistance Training in Children and Adolescents: Benefits, Concerns, and Recommendations. Sports Medicine, 899-915.
    • National Athletic Trainers’ Association (NATA). (2015). Pre-Participation Physical Examination and Disqualifying Conditions. Journal of Athletic Training, 1007–1039.
    • Pediatric Exercise Science, Special Issue. (2017). Training Load Monitoring and Injury Prevention. Human Kinetics.

    Estrategias efectivas para que los niños coman felices

    La alimentación infantil es, a menudo, una fuente de preocupación y frustración para muchos padres. El rechazo a nuevos alimentos, las batallas en la mesa y la selectividad extrema son desafíos comunes que pueden comprometer la nutrición y el bienestar familiar. Sin embargo, lograr que los niños coman mejor no se trata de coerción, sino de implementar estrategias basadas en la psicología, la paciencia y el establecimiento de un entorno alimentario positivo y respetuoso.

    La importancia de establecer hábitos alimentarios saludables tempranos

    La forma en que un niño se relaciona con la comida en sus primeros años sienta las bases para su salud metabólica, su peso corporal y sus preferencias alimentarias de por vida. El objetivo principal de cómo lograr que los niños coman no debe ser simplemente que terminen el plato, sino que aprendan a autorregular su ingesta, a disfrutar de una amplia variedad de alimentos y adquirir buenos hábitos alimentarios.

    • Evitar la coerción. El uso de castigos o recompensas, por ejemplo, ofrecer postre a cambio de comer sus verduras, crea una asociación negativa o un valor inadecuado para ciertos alimentos, lo cual debe evitarse.
    • Ofrecer opciones saludables. El trabajo de los padres es proveer alimentos nutritivos; el trabajo del niño es decidir cuánto y si quiere comer de esa oferta.

    Estrategias para lograr que los niños coman

    Existen muchas estrategias que los padres pueden aplicar, para lograr que sus hijos coman todos sus alimentos, sin que esto termine siendo una verdadera guerra. Estas son algunas alternativas, que resultarán de gran utilidad.

    I. Estrategias basadas en el entorno y el comportamiento

    La forma en que se presenta la comida y el ambiente en la mesa son tan importantes como el alimento mismo. Por esta razón, transformar la hora de comer en un momento agradable es la primera y más crucial estrategia.

    1. Crear un ambiente positivo y libre de presión.La mesa debe ser un lugar de conexión; es importante evitar que se convierta en un espacio de conflicto.

    • Evitar la coerción. Evitar forzar a un niño a comer. Si un niño se niega a comer, no pasa nada; es importante que aprenda a escuchar a su cuerpo y a reconocer las señales de saciedad. Forzarlo puede fomentar una relación poco saludable con la comida.
    • Despedirse de las distracciones. Las comidas deben ser un momento familiar y sin pantallas. El televisor, las Tablets o los juguetes, desconectan al niño de las sensaciones de hambre y saciedad, y le impiden ser consciente de las cualidades del alimento.
    • Establecer rutinas. Mantener horarios regulares y estructurados para comidas y refrigerios ayuda a los niños a regular su apetito y a saber cuándo esperar alimento.

    2. Modelado y el ejemplo de la familia.Los niños son grandes imitadores. Si ven a sus padres y hermanos mayores comer y disfrutar de una variedad de alimentos saludables, es más probable que ellos también lo hagan.

    • Comer en familia. Compartir la mesa y servir la misma comida para todos los miembros de la familia establece un ejemplo poderoso. Los niños que comen habitualmente en familia consumen una dieta más nutritiva, incluyendo más frutas y verduras.
    • Ser el ejemplo de la variedad. Los padres deben mostrar que están dispuestos a probar alimentos nuevos y disfrutar de aquellos que les gustaría que sus hijos comieran.

    II. Estrategias basadas en la exposición al alimento

    El rechazo a probar alimentos nuevos, se conoce como neofobia alimentaria, y es común en la infancia. La solución a este problema es la exposición repetida y creativa.

    1. La regla de la repetición.Recuerde que el rechazo inicial, no significa un rechazo para siempre.

    • Paciencia y persistencia. Puede requerir entre 10 y 20 intentos para que un niño se familiarice con un alimento nuevo y se anime a probarlo. La clave es ofrecer el alimento repetidamente, aunque no se lo coma.
    • Exposición sin presión. Simplemente, colocar el alimento nuevo en el plato, permitir que el niño lo toque, lo huela o lo explore, es un paso positivo. No se debe negociar, ni obligar a comer.

    2. Involucrar a los niños en el proceso.La participación activa en la comida aumenta el interés y la disposición a probar.

    • De la tierra a la mesa. Llevar a los niños al supermercado o al mercado local y dejar que elijan las frutas y verduras. En casa, asignarles tareas de preparación adecuadas a su edad, como lavar verduras o remover ingredientes. Se sentirán orgullosos de su creación, y querrán probarla.
    • Ofrecer opciones limitadas. En lugar de forzar un vegetal específico, se puede ofrecer al niño la opción de elegir entre dos o tres vegetales saludables. Esto le otorga autonomía dentro de los límites saludables establecidos por los padres.

    3. Presentación creativa.El atractivo visual puede ser un poderoso aliado.

    • Colores y texturas. Ofrecer colores vivos, como el rojo del tomate, verde del brócoli, naranja de la zanahoria; y texturas variadas. Se puede servir la comida en formas creativas o usar aderezos saludables como queso, para hacer la experiencia más divertida y deliciosa.
    • Porciones adecuadas. Servir porciones pequeñas es menos abrumador para los niños. Si el niño rechaza un alimento nuevo, una porción diminuta es suficiente para empezar; las porciones grandes pueden desalentar la prueba.
    • Desestructurar los platos. Los niños a menudo prefieren que los alimentos estén separados. Un plato con porciones individuales de pollo, arroz y zanahoria puede ser mejor aceptado que un plato con guiso donde todo está mezclado.

    4. Ocultar alimentos, ¿Sí o no?.La estrategia de esconder alimentos, por ejemplo, poner verduras ralladas en salsas, aún es debatida por los especialistas en el tema; sin embargo, es una alternativa, con algunas sugerencias.

    • Uso moderado. Puede ser útil para asegurar una ingesta mínima de nutrientes en casos de extrema selectividad. Sin embargo, no enseña al niño a disfrutar y aceptar el sabor y la textura real del alimento.
    • Estrategia transicional. Es mejor usar esta técnica de forma temporal y, al mismo tiempo, seguir ofreciendo el alimento escondido, en su forma original, para que se familiaricen con él gradualmente.

    III. Directrices de la OMS y UNICEF

    Las estrategias respaldadas por organismos internacionales reconocidos, como la OMS y UNICEF, se centran en la calidad y la formación de hábitos a largo plazo.

    • Calidad nutricional: Estos organismos enfatizan la importancia de ofrecer alimentos saludables, que incluyan alimentos de todos los grupos, como granos, tubérculos, carnes, frutas y verduras; y nunca sustituir comidas principales por papillas, galletas, jugos azucarados o dulces.
    • Evitar azúcares, sal y grasas añadidas. Es muy importante no dar a probar a los niños alimentos con alto contenido de azúcar, sal o grasa en la primera infancia, ya que esto interfiere con la formación de preferencias por los alimentos que tienen alto valor nutritivo.
    • Fomento de la autonomía. Los niños deben comer por sí solos, utilizando sus propios cubiertos, y se debe evitar meterles cucharadas en la boca. Dejar que decidan la cantidad de comida en su plato favorece su autonomía y les enseña a escuchar su cuerpo.

    Lograr que los niños coman mejor, requiere de paciencia, consistencia y un ambiente de mesa agradable. Los padres son los responsables de ofrecer una variedad de alimentos saludables y nutritivos en un ambiente de calma, mientras que el niño es responsable de cuánto y qué elige comer. Al implementar estrategias de exposición repetida, participación activa y un enfoque libre de presión, se transforma el momento de la comida en una experiencia positiva, asegurando el bienestar físico y emocional del niño.

    Fuentes:

    La salud materna: Clave para el bienestar infantil

    La salud materna no es un tema que incumba exclusivamente a la mujer embarazada; de hecho, se ha convertido en la piedra angular del bienestar infantil y un indicador crucial del desarrollo social y sanitario de cada familia. En un enfoque integral, se debe situar a la madre no solo como la portadora de una nueva vida, sino como un ser con necesidades físicas, mentales y sociales que, si son atendidas adecuadamente, garantizan el mejor apoyo de vida y evolución posible para el niño.

    La importancia de la salud de las madres en el cuidado de los niños

    El estado de salud de la madre tiene un impacto directo y profundo en la vida de sus hijos, incluso, mucho antes del nacimiento. La atención prenatal adecuada es uno de los factores más relevantes en la vida y desarrollo del niño. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la implementación efectiva del cuidado prenatal reduce significativamente los riesgos de mortalidad materna e infantil.

    • Salud física y nutricional. Una madre con buena salud física y una nutrición óptima durante el embarazo asegura un desarrollo fetal saludable. Estas condiciones reducen riesgos como el bajo peso al nacer o las deficiencias nutricionales que pueden afectar el desarrollo cognitivo y físico del niño.
    • Lactancia materna. La salud materna también es vital para el éxito de la lactancia materna exclusiva, que es el alimento ideal para el bebé. Sus beneficios son inmensos para el niño, incluyendo la prevención de sobrepeso, diabetes tipo 2, y la reducción del riesgo de síndrome de muerte súbita infantil.
    • Vínculo afectivo y mental. Más allá de lo físico, la salud mental materna es crítica. Una madre que sufre de depresión posparto o ansiedad puede tener dificultades para establecer un vínculo afectivo seguro y para responder de manera consistente a las necesidades de su hijo. Esto puede, a su vez, afectar el desarrollo cognitivo y emocional del niño, e incluso, el desarrollo del lenguaje y la autoestima.

    Por lo tanto, el bienestar de la madre no solo protege su vida, sino que nutre el desarrollo integral del niño.

    Las madres también importan

    El foco de la atención materno-infantil se ha puesto, por razones obvias, en la supervivencia y el desarrollo del niño. Sin embargo, la premisa de que las madres también importan, es fundamental para sostener un cuidado infantil de calidad.

    Una madre exhausta, estresada o con problemas de salud física o mental no puede ofrecer la misma calidad de cuidado que una madre que se siente apoyada y saludable.

    El concepto de salud materna debe ser replanteado para ser más inclusivo, dándole mayor prioridad a la salud mental de las mujeres, un componente que a menudo es olvidado. La etapa posterior al parto, por ejemplo, es un periodo crítico, donde la madre necesita cuidados específicos, incluyendo descanso adecuado, nutrición y seguimiento médico para evitar complicaciones y garantizar su recuperación física y emocional.

    Las madres no deben posponer su bienestar

    El mensaje más importante para toda madre es muy claro: no pospongan su bienestar. El bienestar no es un lujo, sino un componente operativo de la maternidad eficaz. Muchas madres tienen la tendencia a aguantar, o a pensar que la atención propia puede esperar hasta que los niños sean mayores, sin saber que este es un camino peligroso hacia el agotamiento.

    El bienestar materno implica:

    • Atención médica regular. No cancelar, ni posponer las citas médicas propias, como la consulta ginecológica o la visita al odontólogo, porque la agenda está apretada.
    • Sueño y descanso. Priorizar el descanso, aunque sea en bloques cortos. La privación crónica del sueño es un factor de estrés biológico y mental.
    • Nutrición adecuada. Evitar saltarse comidas o recurrir constantemente a alimentos rápidos y poco nutritivos, que comprometen la energía y la salud a largo plazo.
    • Tiempo personal. Programar intencionalmente tiempo para el ocio, las aficiones o simplemente la soledad y el silencio, que son fundamentales para la recarga mental.
    • Límites. Aprender a decir no a peticiones que añadan estrés innecesario y delegar tareas sin sentir culpa.

    El autocuidado no es un acto egoísta; es un acto de generosidad a largo plazo hacia la familia. Una madre que prioriza su bienestar enseña a sus hijos el valor de cuidarse a sí mismos, un modelo invaluable que va más allá de cualquier lección verbal. Al cuidarse a sí misma, la madre asegura que la fuente de amor y cuidado que proporciona a su hijo no se seque.

    La salud materna es, sin lugar a dudas, el fundamento del bienestar infantil. La ecuación es simple y poderosa: Madre sana = Niño sano. Para asegurar el desarrollo óptimo de los niños, debemos cambiar la narrativa social del autosacrificio materno a la de la responsabilidad compartida y el cuidado recíproco. Las madres merecen ser cuidadas para que puedan seguir cuidando.

     

    Fuentes: