Salud infantil: Cómo iniciar el nuevo año

El inicio de un nuevo año suele estar cargado de propósitos relacionados con el bienestar; por ello, muchos deciden inscribirse en el gimnasio, iniciar dietas balanceadas y definir metas profesionales. Sin embargo, para los padres y cuidadores, existe un propósito que debería encabezar la lista por su impacto a largo plazo: garantizar el control de salud anual de los niños.

El control de salud infantil, a menudo llamado control del niño sano, no es simplemente una visita al médico cuando el pequeño presenta fiebre o tos. Es un proceso preventivo, sistemático y dinámico que busca asegurar que el crecimiento y desarrollo se realicen de manera óptima.

¿Por qué es vital el control de salud anual?

Muchos padres cometen el error de llevar a sus hijos al médico solo cuando presentan síntomas de enfermedad, como fiebre, dolor o tos. Si bien la atención aguda es necesaria, lo cierto es quela infancia es una etapa de cambios vertiginosos, y el control del niño sano tiene objetivos preventivos que no pueden abordarse en una consulta de urgencia.

Detección temprana de anomalías

El crecimiento infantil es acelerado.Así que problemas en la columna, como la escoliosis; trastornos visuales, trastorno del espectro autista, dificultades auditivas o soplos cardíacos pueden no presentar síntomas evidentes en casa. Un examen físico exhaustivo permite identificar estas condiciones antes de que afecten la calidad de vida o el rendimiento escolar.

Monitorización del crecimiento y desarrollo

El pediatra utiliza tablas de percentiles para evaluar que el peso, la talla y el perímetro cefálico evolucionen de forma armónica, descartando problemas metabólicos o nutricionales. Tan importante como el físico es el desarrollo neurocognitivo, así que también se encargan de evaluar el lenguaje, la motricidad fina y gruesa, y la socialización según la edad cronológica.

Actualización del esquema de vacunación

El calendario de vacunación es una de las herramientas de salud pública más potentes. El inicio de año es el momento ideal para verificar dosis faltantes o refuerzos. El control anual permite revisar que el niño cuente con los refuerzos necesarios contra enfermedades como el sarampión o la rubéola, así como la dosis anual contra la influenza.

Salud mental y emocional

El control anual permite evaluar el comportamiento, el rendimiento escolar y la socialización, aspectos que a menudo pasan desapercibidos en visitas de urgencia.

Cómo iniciar el control de salud al inicio del año

Enero y febrero suelen ser los meses favoritos para programar este tipo de consultas médicas, y poder organizar posibles estudios, sin interrupciones de periodos vacacionales extensos, como la época de Navidad.

Para que la vuelta al pediatra sea efectiva y no un trámite estresante, se recomienda seguir una estructura organizada:

Preparación de la historia clínica

Antes de la cita, los padres deben recopilar información relevante ocurrida durante el año anterior. Si no tienes idea de cómo hacerlo, puedes responder las siguientes preguntas.

  • ¿Hubo enfermedades importantes o visitas a urgencias?
  • ¿Ha habido cambios significativos en la dieta o el sueño?
  • ¿Existen antecedentes familiares nuevos de enfermedades crónicas?

El examen físico integral

Es el mejor momento para solicitar un control completo, por lo que se sugiere que esta consulta incluya lo siguiente:

  • Evaluación antropométrica. Medición de peso, talla e Índice de Masa Corporal (IMC).
  • Control de tensiónarterial. Recomendado anualmente a partir de los 3 años para detectar hipertensión pediátrica.
  • Examen visual y auditivo. Crucial para el éxito escolar.
  • Revisión postural. Detección de escoliosis o problemas en la marcha.

Salud bucodental

El inicio de año es el recordatorio perfecto para la visita al odontopediatra. La caries dental sigue siendo la enfermedad crónica más común en la infancia, y su prevención influye en la nutrición y el habla.

Recomendación importante

  • Prepare al niño. Explique que la visita es para asegurarse de que está creciendo fuerte. Evite usar las temidas inyecciones como una amenaza; haga que el momento sea más fácil y manejable, presente al médico como un aliado.

Exámenes y evaluaciones sugeridas

Dependiendo de la edad del niño, el pediatra solicitará diferentes estudios. De forma general, un control completo debería incluir:

  • Análisis de sangre. Con ella se puede detectar anemia, niveles de glucosa, colesterol, función de riñones e hígado.
  • Examen de orina. Favorece la detección de infecciones asintomáticas o problemas metabólicos.
  • Evaluación oftalmológica. Ayuda con cualquier posible problema visual, como miopía, astigmatismo, entre otros.
  • Evaluación odontológica. Necesaria para prevenir caries y corregir la alineación dental.
  • Evaluación auditiva. Permite descartar la hipoacusia, que está relacionada con la pérdida de la capacidad auditiva, y puede afectar también el habla del niño.

Sugerencias para una salud integral durante el año

Es importante que los padres comprendan que la salud no ocurre solo en el consultorio; se construye en el hogar, y para ello, los padres pueden considerar la aplicación de algunos hábitos saludables.

Nutrición consciente

Fomente una dieta rica en frutas, verduras y proteínas de alta calidad. Reduzca al máximo los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas.La obesidad infantil y la diabetes tipo 2 se han convertido en una epidemia creciente que predispone a enfermedades crónicas en la adultez.

Actividad física y tiempo al aire libre

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa para niños y adolescentes. Esto no solo fortalece los huesos y músculos, sino que reduce la ansiedad y mejora la concentración. Vale destacar en este punto que el tiempo de exposición a las pantallas debe ser limitado, porque esta es la primera razón por la que muchos niños se alejan de la actividad física y sus beneficios.

Higiene del Sueño

Un niño que no duerme lo suficiente tiene mayores dificultades de aprendizaje y regulación emocional. Establezca rutinas consistentes: apagar pantallas al menos una hora antes de dormir y mantener horarios fijos incluso los fines de semana.

Un niño que no duerme bien es un niño que no aprende bien. Establezca rutinas consistentes.

  • Menores de 5 años. 10 a 13 horas de sueño.
  • Escolares. 9 a 11 horas.
  • Adolescentes. 8 a 10 horas.

Salud mental y bienestar emocional

El control de salud también debe incluir preguntas sobre el estado de ánimo, sexualidad, consumo de sustancias, acoso escolar mejor conocido como bullying, y el uso de redes sociales.La salud mental es parte integral del bienestar infantil.

Prevención. Una inversión a futuro

Realizar estos exámenes anualmente se debe considerar como una inversión en el capital humano; recuerde que la prevención es menos costosa que un tratamiento. Un niño sano tiene mejores oportunidades de éxito académico, desarrolla una autoestima más sólida y adquiere hábitos que lo protegerán durante toda su vida adulta.

Fuentes

Fuegos artificiales y niños: Seguridad ante todo

Las festividades populares en todo el mundo suelen estar acompañadas de luces y estallidos en el cielo. Sin embargo, lo que para muchos es un espectáculo de alegría, para los más vulnerables, especialmente los niños, puede transformarse en una situación de alto riesgo. La curiosidad natural de la infancia, sumada a la falta de percepción del peligro y la inmadurez de sus sistemas sensoriales, convierte a los fuegos artificiales en una de las causas más frecuentes de ingresos hospitalarios por traumatismos evitables durante las festividades.

Debido a la importancia del tema, en especial durante la época de Navidad, hoy exploraremos los riesgos físicos, las implicaciones en la salud mental y sensorial de los niños, y las medidas de prevención indispensables para garantizar que la celebración no termine en tragedia.

Los riesgos de los fuegos artificiales en ambientes infantiles

El uso de pirotecnia conlleva peligros que van más allá de una simple quemadura. Los niños, debido a su corta estatura, piel más fina y falta de percepción del peligro, son las víctimas más frecuentes de accidentes graves.

Lesiones físicas comunes

  • Quemaduras de segundo y tercer grado. Contrario a la creencia popular, las estrellitas o luces de bengala no son inofensivas. Pueden alcanzar temperaturas de hasta 1000°C, lo suficiente para derretir metales y causar daños profundos en la dermis en cuestión de segundos.
  • Traumatismos oculares. Las chispas y los residuos proyectados pueden causar desde úlceras corneales hasta el desprendimiento de retina o la pérdida total de la visión.
  • Mutilaciones y amputaciones. Los artefactos de alta potencia, que son los que hacen un fuerte ruido, considerados como detonantes, pueden explotar antes de tiempo, afectando principalmente los dedos y las manos de los menores que intentan manipularlos.
  • Daño auditivo. El estallido de un petardo cerca de un niño puede superar los 140 decibelios, nivel que causa dolor inmediato y puede generar una pérdida auditiva irreversible o tinnitus.
  • Intoxicación. Muchos fuegos artificiales contienen metales pesados y sustancias químicas como el nitrato de bario o el fósforo blanco. Si un niño manipula estos artefactos y luego se lleva las manos a la boca, o peor aún, ingiere parte del material, el riesgo de intoxicación es muy elevado.

¿Cómo alteran los fuegos artificiales la salud de los niños?

Más allá de las lesiones visibles, la pirotecnia impacta el bienestar integral del niño, afectando sistemas que a menudo pasan desapercibidos por los adultos.

Salud sensorial y neurodiversidad

Para los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o trastornos del procesamiento sensorial, los fuegos artificiales no son arte; en realidad son una tortura. Su hipersensibilidad auditiva hace que el ruido se perciba con una intensidad insoportable, desencadenando algunos episodios nada agradables.

  • Crisis de ansiedad y pánico.
  • Agresividad o llanto incontrolable.
  • Autolesiones en un intento por mitigar la sobrecarga sensorial.

Salud auditiva

El sistema auditivo de los niños es mucho más sensible que el de los adultos. Las explosiones de pirotecnia pueden superar los 140 decibelios, siendo este el umbral de dolor para el oído humano. La exposición a estos ruidos puede causar tinnitus, una condición que se caracteriza por zumbidos permanentes o pérdida auditiva temporal o irreversible.

Problemas respiratorios y toxicidad

La combustión de la pólvora libera metales pesados como bario, estroncio, cobre, así como partículas finas conocidas como PM2.5. Estas son partículas que penetran profundamente en los pulmones, y podrían agravar cuadros de asma, bronquitis o alergias en niños pequeños, cuyos sistemas respiratorios aún están en desarrollo.

Impacto psicológico

El factor sorpresa y el estruendo pueden generar niveles elevados de cortisol, que es la hormona del estrés, provocando trastornos del sueño, pesadillas y un estado de alerta constante que puede durar varios días después del evento.

Medidas de seguridad para el manejo de pirotecnia

La recomendación principal de los expertos en el tema es evitar el uso doméstico de pirotecnia y optar por espectáculos profesionales. Si aun así se decide utilizarlos, se deben seguir reglas estrictas, por el bienestar de todos.

Reglas de oro para adultos

  • Distancia de seguridad. Los niños deben mantenerse al menos a 15 metros de la zona de encendido. En espectáculos grandes, la distancia recomendada es de al menos 150 metros.
  • Cero manipulación infantil. Un niño nunca debe encender, sostener o recoger restos de fuegos artificiales, incluso si parecen estar apagados. Los adultos deben ser encargados de estas actividades y no deben estar bajo los efectos del alcohol.
  • Preparación para emergencias. Tenga siempre a mano un balde con agua o una manguera. Si un artefacto no explota, nunca intente volver a encenderlo; espere 20 minutos y sumérjalo en agua.
  • Protección auditiva. El uso de tapones u orejeras protectoras puede reducir significativamente el impacto del ruido en los más pequeños.
  • Vestimenta adecuada. Evite que los niños usen ropa de fibras sintéticas, como el poliéster, cerca de chispas, ya que estas telas se inflaman y se adhieren a la piel rápidamente. Es preferible el algodón.

¿Qué hacer en caso de accidente?

Si ocurre una lesión, la rapidez y el modo de actuar son vitales:

  • Quemaduras. Lave la zona con abundante agua fría (no helada) durante 20 minutos. No aplique hielo, pasta de dientes, pomadas o aceites, ya que pueden infectar la herida. Cubra con una gasa limpia y acuda a urgencias.
  • Ropa en llamas. Enseñe al niño a Detenerse, Tirarse y Rodar. Nunca debe correr, pues el aire aviva el fuego.
  • Ojos. No permita que el niño se frote el ojo. No aplique gotas ni intente lavar el interior. Cubra el ojo con un cono de papel o protector rígido y acuda a emergencias.

La seguridad de los niños ante los fuegos artificiales no es una cuestión de prohibición caprichosa, sino de protección de su integridad física y emocional. Una celebración responsable es aquella donde la alegría no se ve empañada por un accidente que pudo haberse evitado con supervisión y sentido común. La mejor manera de disfrutar las luces es, sin duda, desde una distancia segura y lejos del peligro de la pólvora. De hecho, la tendencia global se inclina cada vez más hacia la pirotecnia fría o lumínica (sin ruido), que permite disfrutar del color sin dañar la salud auditiva ni afectar a niños con sensibilidad sensorial.

 

Fuentes:

 

    5 Aspectos importantes para la salud de niños deportistas

    El deporte en la infancia es una herramienta poderosa para el desarrollo integral de los niños. Sin embargo, para que los beneficios superen los riesgos, es crucial que los padres, entrenadores y cuidadores presten especial atención a las necesidades únicas de los jóvenes atletas. A menudo, el deseo de sobresalir o la intensidad de la actividad pueden llevar al agotamiento, las lesiones o incluso problemas nutricionales y de salud mental. Para disminuir estos riesgos, te invitamos a considerar estos 5 aspectos importantes para la salud de niños deportistas.

    1. Nutrición

    La nutrición adecuada es, sin duda, la base del rendimiento y la salud en los jóvenes deportistas. Los niños que participan en deportes tienen un gasto energético mayor que los niños sedentarios, lo que requiere un aumento estratégico en la ingesta calórica y la calidad de los nutrientes.

    • Carbohidratos complejos. Los carbohidratos son la fuente primaria de energía para el músculo. Es vital asegurar que la dieta incluya suficientes carbohidratos complejos, tales como: granos integrales, frutas, verduras, legumbres; para reponer el glucógeno muscular y hepático gastado. La Academia Americana de Pediatría (AAP) destaca la necesidad de una ingesta constante, especialmente entre 1 y 4 horas antes de la actividad intensa, y en el periodo entre 30-60 minutos posteriores, con el objetivo de optimizar la recuperación.
    • Proteínas. Las proteínas, conformadas por carnes magras, pescado, lácteos, huevos, legumbres; son esenciales para la reparación y el crecimiento muscular. Aunque los requerimientos son más altos que en adultos, una dieta bien balanceada generalmente cubre estas necesidades. No se recomiendan suplementos proteicos a menos que lo indique un médico o dietista pediátrico.
    • Micronutrientes clave. El hierro es un elemento fundamental para el transporte de oxígeno, por lo que los deportistas infantiles requieren una ingesta adecuada del mismo, así como de calcio y vitamina D, los cuales les ayudarán a proteger su salud ósea y la prevención de fracturas por estrés.

    2. Hidratación

    La hidratación es el factor más subestimado; sin embargo, es el elemento más crítico para la seguridad y el rendimiento. Los niños son fisiológicamente menos eficientes que los adultos en la disipación del calor, lo que los hace más susceptibles al golpe de calor y la deshidratación. Su tasa de sudoración es menor, y a menudo no perciben la sed hasta que ya están deshidratados.

    • La regla de oro. Los niños deben beber agua antes, durante y después del ejercicio, independientemente de si sienten sed.
    • Agua vs. bebidas deportivas. Para la mayoría de los entrenamientos que duran menos de una hora, el agua es la mejor opción. Las bebidas deportivas, que se caracterizan por contener electrolitos y carbohidratos, son recomendadas para actividades prolongadas o muy intensas, que tengan una duración entre 60 y 90 minutos. Es importante evitar las bebidas energéticas, que contienen estimulantes, porque no son adecuadas para niños.
    • Monitoreo del color de la orina. Este es un excelente indicador, muy simple, económico y eficaz. Se trata de verificar el color de la orina, que debe ser de un amarillo pálido claro.

    3. Descanso y sueño

    El crecimiento y la reparación no ocurren durante el ejercicio, de hecho, ocurren durante el momento del descanso. Periodos de sueño inadecuados son un precursor directo de la fatiga crónica, la disminución del rendimiento, el deterioro del sistema inmunológico y, fundamentalmente, un mayor riesgo de lesiones deportivas.

    • Horas de sueño necesarias. Los niños y adolescentes deportistas, debido a la alta demanda física, necesitan incluso más que las 8-10 horas recomendadas para los niños y adolescentes que no practican deportes. Y, el sueño debe ser de calidad.
    • La importancia del día libre. Es necesario que el niño tenga al menos uno o dos días libres a la semana sin actividad deportiva organizada para permitir que el cuerpo se recupere completamente. De esta manera, podrá ayudar a prevenir el síndrome de sobreentrenamiento, conocido como Síndrome de Burnout, cuyos síntomas son, una disminución inexplicable del rendimiento, fatiga persistente e irritabilidad.
    • Recuperación activa y pasiva. Fomentar la recuperación pasiva, a través de siestas cortas y sueño nocturno; y la recuperación activa, con la ayuda de estiramientos ligeros o caminatas suaves, en los días posteriores a la competencia intensa.

    Importante. Los programas de entrenamiento deben ser supervisados para evitar la especialización temprana o excesiva. Participar en un solo deporte todo el año sin descanso aumenta el riesgo de lesiones por sobreuso, como tendinitis y fracturas por estrés. Y los expertos recomiendan la participación multideportiva hasta la adolescencia.

    4. Salud mental y equilibrio

    El bienestar emocional es tan importante como la aptitud física, y así alcanzar un equilibrio. La presión excesiva, ya sea autoimpuesta o externa, por ejemplo, por parte de los padres o entrenadores, puede convertir una actividad placentera en una fuente de estrés y ansiedad.

    • Enfoque en el esfuerzo, no solo en el resultado. Padres y entrenadores deben fomentar una mentalidad de crecimiento, alabando el esfuerzo, la disciplina y la mejora en lugar de únicamente la victoria o el talento natural. Esto reduce el miedo al fracaso.
    • Señales de alerta. Estar atento a signos de sobreentrenamiento o estrés, como la pérdida de disfrute del deporte, irritabilidad, ansiedad, cambios en los patrones de sueño o alimentación, o una disminución inexplicable del rendimiento escolar.
    • La identidad fuera del deporte. Es esencial que el niño cultive otras identidades y pasatiempos fuera del campo de juego. El deporte debe ser una parte de su vida, no la totalidad. El apoyo emocional debe ser incondicional, independientemente del éxito deportivo.

    5. Prevención de lesiones

    Las lesiones son la consecuencia más común de la actividad deportiva intensa. La mayoría de las lesiones pediátricas deportivas son lesiones por sobreuso, no traumáticas. Una prevención efectiva se basa en la preparación física adecuada y el uso de equipo de protección.

    • Calentamiento y enfriamiento. Todo entrenamiento o juego debe comenzar con un calentamiento dinámico, que esté conformado por ejercicios que imitan el movimiento del deporte; y terminar con un enfriamiento y estiramientos estáticos. Esto aumenta el flujo sanguíneo, mejora la elasticidad muscular y reduce el riesgo de lesiones.
    • Equipo de protección. Padres y entrenadores deben asegurarse de que el niño use el equipo de protección adecuado para el deporte que practiquen, y que esté en buen estado.
    • Evaluación médica pre-participación. El niño debe pasar un examen físico anual, realizado por un pediatra; así podrán identificar posibles condiciones preexistentes, como el asma, que podrían poner en riesgo al niño durante la actividad deportiva.
    • Progresión gradual del entrenamiento. La carga de entrenamiento debe aumentar de forma lenta y progresiva, evitando saltos bruscos en intensidad, duración o frecuencia.

    La participación en el deporte es una inversión invaluable en la salud futura de un niño. Al priorizar la nutrición, la hidratación, el descanso, el bienestar emocional y la prevención de lesiones, los padres y entrenadores pueden crear un entorno de apoyo que fomente la excelencia atlética sin comprometer el crecimiento y la salud a largo plazo. Un niño sano es un atleta feliz, y un atleta feliz es el que tiene más probabilidades de perseverar y disfrutar de los beneficios del deporte de por vida.

     

    Fuentes:

    • Academy of Nutrition and Dietetics, Dietitians of Canada, and American College of Sports Medicine (ACSM). (2016). Nutrition and Athletic Performance: Joint Position Statement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 543-568.
    • American Academy of Pediatrics (AAP). (2018). Sports Specialization and Intensive Training in Young Athletes: American Academy of Pediatrics Policy Statement. Pediatrics, 142(3).
    • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). (2020). Heads Up: Concussion in Youth Sports. Atlanta, GA: CDC.
    • Council on Sports Medicine and Fitness, AAP. (2011). Clinical Report – Sport-Related Concussion in Children and Adolescents. Pediatrics, 1178-1188.
    • Faigenbaum, A. D., & Myer, G. D. (2010). Resistance Training in Children and Adolescents: Benefits, Concerns, and Recommendations. Sports Medicine, 899-915.
    • National Athletic Trainers’ Association (NATA). (2015). Pre-Participation Physical Examination and Disqualifying Conditions. Journal of Athletic Training, 1007–1039.
    • Pediatric Exercise Science, Special Issue. (2017). Training Load Monitoring and Injury Prevention. Human Kinetics.

    ¿Qué significan los berrinches en los niños y cómo actuar?

    Los berrinches, también conocidos como pataletas, son una parte normal del desarrollo infantil. Ver a un niño gritando, llorando, tirándose al suelo o pateando en público, es quizás una de las experiencias más desafiantes y vergonzosas para un padre. Sin embargo, en lugar de ser un signo de mala crianza, en realidad, una manifestación de emociones abrumadoras que los niños pequeños aún no saben cómo procesar ni expresar de manera constructiva. No te preocupes, hoy conocerás qué son los berrinches, por qué ocurren y cómo manejarlos de manera efectiva y con empatía.

    ¿Qué son los berrinches en los niños?

    Un berrinche es una explosión emocional que se caracteriza por comportamientos incómodos, como llorar, gritar, patear, golpear, aguantar la respiración, o tirarse al suelo. Son más comunes en niños con edades que oscilan entre 18 meses y los 4 años de edad. Para muchos, este es un período conocido como los terribles dos o terribles tres. La razón de que esta conducta pueda aparecer en esta etapa es multifacética y está directamente relacionada con el desarrollo cognitivo y emocional del niño.

    En esencia, un berrinche es una señal de que el niño no puede manejar la frustración. Durante esta etapa, los niños están desarrollando un sentido de independencia, pero no han desarrollado las habilidades de comunicación y la capacidad de autorregulación emocional que se requieren para expresar sus deseos o frustraciones de manera adecuada.

    Los berrinches no siempre son una reacción a un no. Estos pueden ser provocados por una variedad de factores, como el hambre, el cansancio, la sobreestimulación o la necesidad de atención. También son una forma en la que los niños prueban los límites y aprenden sobre causa y efecto: Si me tiro al suelo y lloro, ¿conseguiré lo que quiero? Es muy importante comprender que, los berrinches no son una manipulación intencional por parte del niño, sino una respuesta genuina a una situación que les resulta difícil de manejar.

    Causas comunes de los berrinches

    La base para el manejo efectivo de los berrinches, es comprender qué los desencadena. Y, entre las causas más comunes, se pueden incluir las siguientes.

    • Frustración. Esta es, sin duda, la principal causa. Los niños se frustran cuando no pueden hacer algo por sí mismos o cuando no consiguen lo que quieren.
    • Necesidades básicas insatisfechas. Un niño cansado, con hambre o aburrido, es un niño que está más propenso a los berrinches. El agotamiento y el hambre disminuyen la capacidad de una persona, y más en un niño, para el manejo de sus emociones.
    • Búsqueda de atención. En muchos casos, los niños tienen un berrinche simplemente para obtener la atención de sus padres, incluso si esta atención es negativa, solo quieren ser tomados en cuenta.
    • Límites y reglas. Los berrinches también ocurren cuando se le dice a un niño que no puede hacer algo o que debe seguir una regla. Es su forma de protestar contra los límites indicados.

    ¿Cómo se deben manejar los berrinches en los niños?

    El manejo de los berrinches requiere una combinación de paciencia, límites claros y empatía. Lo importante no es ganar al niño ante un berrinche, sino ser su guía a través de su emoción y enseñarle cómo autorregular sus emociones para el futuro. A continuación, algunas estrategias efectivas.

    • Mantener la calma y la perspectiva.Lo primero y más importante es que el adulto mantenga la calma. Un padre enojado, que grita, solo puede lograr agravar el momento y que sea una situación más intensa. Al mantener la calma, el adulto le está enseñando al niño, con el ejemplo, cómo manejar las emociones difíciles. Respire hondo y recuerde siempre, que esto es normal y pasará.
    • No ceder. Si el berrinche es por algo que el niño quiere, como un dulce antes de la cena, usted debe mantenerse firme. Ceder solo le enseña al niño que el berrinche es una herramienta efectiva para conseguir lo que quiere. Vale mencionar, que esto no significa que debe ser inflexible, pero sí puede definir límites razonables.
    • Validar las emociones del niño. Aunque no pueda ceder, sí es válido reconocer los sentimientos del niño. Frases como Sé que estás muy enojado porque no podemos comprar ese juguete, ayudan al niño a sentirse comprendido. Esto significa que reconoce la frustración del pequeño, aunque no esté de acuerdo con el berrinche.
    • Ofrecer un lugar seguro para el berrinche. Si el berrinche ocurre en un lugar público, haga lo posible por llevar al niño a un lugar más privado y tranquilo, puede ser el coche o un pasillo. Esto es un tiempo fuera de la situación, y el niño tendrá la oportunidad de calmarse sin la presión de otras personas mirando. Y, si está en casa, puede ser un rincón de la habitación.
    • Redirigir y distraer. Cuando se encuentra en la fase inicial de un berrinche, a veces la distracción funciona. Por ejemplo, mira ese pájaro tan bonito, si el niño es amante a los animales, es probable que pueda ayudarle a salir del berrinche. Esta técnica es más efectiva en niños pequeños. Pero, a medida que crecen, es ideal enseñarle a nombrar y reconocer sus sentimientos.
    • Aprender a prevenir los berrinches.La mejor estrategia es la prevención. Para lograr esta habilidad, observe los patrones de berrinches de su hijo, es decir, cuándo ocurren, si es cuando tiene hambre o sueño. También es importante que, si va a experimentar una transición difícil, como salir del parque, dígalo al niño con anticipación, para que este cambio no lo sorprenda.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    De acuerdo con los profesionales, la mayoría de los berrinches son normales y, eventualmente, irán disminuyendo su frecuencia con el crecimiento y desarrollo del niño, cuando aprende habilidades de comunicación y autorregulación. Sin embargo, en raras ocasiones, los berrinches pueden ser un signo de otra condición oculta. Por lo tanto, se recomienda consultar a un pediatra ante alguno de estos casos.

    • Los berrinches, en lugar de disminuir, se vuelven más frecuentes, intensos o duran más de 15 minutos.
    • El niño se lastima o lastima a otros durante estos eventos.
    • El niño tiene convulsiones, dejar de respirar por mucho tiempo o, puede llegar a presentar desmayos.
    • El niño tiene 4 años o más, y los berrinches no tienden a disminuir.
    • Los berrinches son tan intensos que están afectando la vida familiar o social del niño, de manera negativa.

    Los berrinches, aunque puede ser situaciones incómodas, no son el fin del mundo. Es parte del crecimiento del niño, y así aprende a manejar emociones difíciles y para que los padres puedan fortalecer su vínculo con ellos a través de la paciencia y la empatía. Al aceptar que un berrinche no es una manipulación, sino una expresión de frustración y falta de control, los padres tienen la oportunidad de responder con calma, establecer límites claros y guiar a sus hijos en esta etapa de su desarrollo. La clave es la consistencia y el amor, recordando que está criando a un ser humano con un cerebro en desarrollo.

     

    Fuentes:

    • Green, C. & O’Connell, J. (2014). Berrinches y límites: Un enfoque práctico para los padres. Ediciones Paidós.
    • Shapiro, L. E. (2013). El poder de la inteligencia emocional de los niños. Grupo Editorial Norma.

      La fiebre: Un aviso que puedes manejar con calma

      La fiebre es uno de los síntomas más comunes en los niños, sin embargo, suele ser uno de los más preocupantes para los padres y cuidadores. Cuando un niño presenta temperatura elevada puede generar ansiedad y, por ende, crear muchas dudas: ¿Es grave? ¿Debo llevar al niño a urgencias? ¿Qué debo hacer? Para la tranquilidad de muchos, hoy conocerás información clara acerca de la fiebre, qué es, cuándo preocuparse y cómo actuar de manera segura y eficaz.

      ¿Qué es la fiebre?

      Es muy común creer que la fiebre es una enfermedad en sí misma, cuando en realidad, este es un mecanismo de defensa natural del cuerpo. La fiebre se define como la elevación temporal de la temperatura corporal. La realidad es que, la fiebre no es un enemigo, sino un aliado que ayuda a combatir infecciones, porque, la mayoría de las bacterias y virus que causan enfermedades se reproducen mejor a la temperatura corporal normal. De acuerdo con Baraff (2000), cuando el cuerpo eleva la temperatura, en realidad crea un ambiente hostil para estos patógenos, lo que dificulta su replicación y estimula el sistema inmunológico para que funcione de manera más eficiente.

      La temperatura normal de un niño puede variar, per en rasgos generales, se considera que un niño tiene fiebre cuando su temperatura rectal es igual o superior a 38°C, la oral es igual o superior a 37.8°C y la axilar es igual o superior a 37.2°C, recordando que al tomar la temperatura en la axila, se debe sumar 0,5°C. Muchos especialistas están de acuerdo en que la medición rectal es la más precisa en bebés y niños pequeños.

      ¿Por qué ocurre la fiebre en los niños?

      La principal causa de la fiebre en niños son las infecciones, tanto virales como bacterianas. Chiappini et al. (2017) señala que, algunas de las infecciones virales son, el resfriado común, la gripe o la gastroenteritis. Por otra parte, entre las infecciones bacterianas están la otitis media, la neumonía o la infección del tracto urinario, las cuales pueden requerir tratamiento con antibióticos, los cuales deben ser indicados por el pediatra.

      Existen otras causas de la fiebre en niños, tales como:

      • Reacciones a vacunas. La fiebre es una reacción común y esperada después de la administración de algunas vacunas, tales como el sarampión, las paperas y la rubéola, o la vacuna para difteria, tétanos y tos ferina.
      • Dentición. A pesar de ser una creencia popular, cuando están apareciendo los dientes, no suele causar fiebres altas. Pero, si en esta condición, el niño presenta temperatura superior a 38.5°C o luce muy enfermo, es probable que la causa sea otra y no la salida de los dientes.
      • Golpe de calor. Exposición prolongada a altas temperaturas, como dejar al niño en un coche cerrado, puede elevar peligrosamente la temperatura corporal, y convertirse en una emergencia médica.

      ¿Siempre hay que preocuparse cuando un niño tiene fiebre?

      La respuesta corta es no. Como se ha dicho anteriormente, la fiebre es un síntoma, no una enfermedad. La clave no es el número que marca el termómetro, sino el estado general del niño. Un niño con 39°C de fiebre que está jugando, bebiendo líquidos y con buen aspecto, es probable que no requiera de una intervención médica inmediata. Pero, cuando un niño con 38°C que está decaído, irritable, no quiere beber y presenta otros síntomas alarmantes, sí podría requerir una pronta evaluación médica.

      Por esta razón, se darán a conocer algunas situaciones en las que la fiebre sí es motivo de preocupación y requiere atención médica urgente.

      • Bebés menores de 3 meses. Cualquier fiebre en un bebé de esta edad, incluso si presenta una fiebre baja, debe ser evaluada por un médico de inmediato. Su sistema inmunológico aún no está completamente desarrollado y una fiebre puede ser la única señal de una infección grave.
      • Fiebre alta persistente. Si la fiebre no baja con medicamentos y dura más de 24-48 horas, o si el niño parece estar empeorando.
      • Fiebre con otros síntomas graves. Como lo son, la dificultad para respirar, rigidez del cuello, erupción cutánea que no desaparece al presionar, dolor de cabeza intenso, confusión o irritabilidad extrema, signos de deshidratación como llanto sin lágrimas, ojos hundidos, poca orina, boca seca; y convulsiones febriles.

      ¿Qué hacer en caso de fiebre en los niños?

      La prioridad ante un cuadro de fiebre es mejorar el confort del niño, al considerar que un niño que se siente mejor, come, bebe y duerme, tiene más probabilidades de recuperarse más rápido. Algunas recomendaciones para el manejo de la fiebre en casa, son las siguientes.

      • Mantener la hidratación. La fiebre puede provocar deshidratación. De aquí la importancia de ofrecer al niño líquidos con frecuencia, como agua, caldos, jugos diluidos o soluciones de rehidratación oral. Si el niño está vomitando, ofrezca pequeñas cantidades de líquido a intervalos cortos.
      • Medicación. Los medicamentos antipiréticos (reductores de la fiebre) más comunes y seguros para los niños son el paracetamol (acetaminofén) y el ibuprofeno. Es importante mencionar que, el ibuprofeno se recomienda para niños a partir de 6 meses de edad, mientras que el paracetamol, es recomendado para niños de todas las edades. Y, la dosis de ambos medicamentos es en función al peso del niño, si tiene dudas, recuerde siempre consultar a su pediatra.
      • Ropa ligera y ambiente fresco. Vestir al niño con ropa ligera y mantener la habitación a una temperatura agradable. Evitar arroparlo en exceso es otra de las recomendaciones importantes, ya que esto puede impedir que el calor se disipe.
      • Dar baños tibios. Un baño de esponja con agua tibia (no fría) puede ayudar a bajar la temperatura y a calmar al niño. Pero, los especialistas no lo recomiendan como primera opción. Tampoco debe usar agua fría o alcohol, ya que puede causar escalofríos y un aumento de la temperatura central.
      • Descansar. El cuerpo necesita energía para combatir la infección. Fomente el descanso y evite actividades extenuantes.

      La fiebre es una respuesta fisiológica normal y, en la mayoría de los casos, un signo de que el sistema inmunológico está haciendo su trabajo. Para saber cuándo buscar atención médica, la clave es recordar que la fiebre es un síntoma, no el enemigo, y que la observación y el sentido común son las mejores herramientas para cuidar de un niño enfermo.

       

      Fuentes:

      • American Academy of Pediatrics. (2011). Clinical Practice Guideline: Management of Fever and Dehydration in Children with Gastroenteritis. Publicación en línea.
      • Baraff, L. J. (2000). Management of fever in infants and children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 105(3), 633-640.
      • Chiappini, E., Bortone, B., Tovo, P. A., et al. (2017). Guidelines for the management of fever in children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 140(1), e20170068.
      • Sullivan, J. E., & Farrar, H. C. (2011). Fever and antipyretic use in children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 127(3), 580-587.