12 Hitos de movimiento de tu bebé durante el primer año de vida

El primer año de vida de un bebé es, posiblemente, el periodo de transformación física más acelerado de la existencia humana. De ser un recién nacido con movimientos mayoritariamente reflejos, el niño pasa a convertirse en un individuo capaz de desafiar la gravedad y desplazarse por su cuenta y explorar el mundo que lo rodea.

Aunque cada bebé sigue su propio ritmo, el cual está influenciado por la genética, el temperamento y el ambiente, la neurociencia y la pediatría han identificado hitos del desarrollo motor que sirven como brújula para padres y profesionales.

El despertar del cuerpo. Los primeros 12 hitos

1. Control cefálico (6 a 8 semanas)

Al nacer, el cuello del bebé es débil y requiere soporte total. El primer gran hito es la capacidad de levantar la cabeza unos 45 grados mientras está boca abajo (tummy time) y mantenerla erguida por unos segundos cuando está en brazos. Este logro es la base de toda la movilidad posterior, ya que permite la fijación visual y la exploración del entorno.

2. Apertura de las manos y alcance dirigido (2 a 3 meses)

El reflejo de prensión palmar comienza a integrarse para dar paso a la apertura voluntaria de las manos. Alrededor de los 2 o 3 meses, el bebé empieza a estirar los brazos hacia objetos llamativos, aunque su puntería sea aún imprecisa. Es el inicio de la coordinación ojo-mano.

3. Rodar sobre sí mismo (4 a 6 meses)

Este es el primer gran hito de locomoción. Generalmente, los bebés aprenden primero a rodar de boca abajo a boca arriba, ya que requiere menos fuerza abdominal. Poco después, logran la maniobra inversa. Es un momento crítico para la seguridad, ya que el bebé deja de ser estático.

4. Apoyo en antebrazos y manos (5 meses)

Estando boca abajo, el bebé logra extender los brazos completamente, elevando el pecho del suelo. Esta posición no solo fortalece la espalda, sino que expande su campo visual, preparándolo para el gateo.

5. Sedestación independiente (6 a 7 meses)

A los seis meses, muchos bebés logran sentarse sin apoyo. Esto libera sus manos para manipular juguetes, lo que impulsa el desarrollo cognitivo y la motricidad fina. Es una señal de que los músculos de la espalda y el abdomen están ganando estabilidad.

6. Sedestación independiente (6 a 8 meses)

Este es un hito liberador. El bebé puede sentarse sin ayuda y mantener la espalda recta mientras usa sus manos para jugar. Al no tener que usar los brazos para sostenerse, la motricidad fina despega, permitiéndole pasar objetos de una mano a otra.

7. El pivoteo y arrastre (7 a 9 meses)

Antes del gateo propiamente dicho, muchos bebés pivotean, es decir, giran sobre su propio eje boca abajo, o se arrastran como soldados. Utilizan sus brazos para jalar el cuerpo, lo que demuestra una intención clara de alcanzar un objetivo distante.

8. El gateo en cuatro puntos (8 a 10 meses)

Considerado por muchos especialistas como uno de los hitos más complejos, el gateo coordinado (mano derecha con rodilla izquierda y viceversa) conecta ambos hemisferios cerebrales. El gateo fomenta la visión binocular, la orientación espacial y fortalece las articulaciones de hombros y caderas.

9. Ponerse de pie con apoyo (9 a 10 meses)

Utilizando muebles o las manos de sus padres, el bebé logra traccionar su propio peso para quedar de pie. En esta etapa, el desafío no es solo subir, sino aprender a bajar sin caerse bruscamente de nalgas.

10. El desplazamiento lateral o cruising (10 a 11 meses)

Una vez de pie, el bebé comienza a dar pasos laterales apoyándose en los muebles. Es una forma segura de practicar el traslado de peso de una pierna a otra sin soltar el soporte. Es el ensayo general para la marcha independiente.

11. La Pinza Superior (10 meses)

Aunque es un hito de motricidad fina, es esencial para el movimiento coordinado. El uso del pulgar e índice para recoger objetos pequeños marca una especialización del sistema nervioso central que separa a los humanos de otros primates.

12. Los primeros pasos independientes (12 meses)

El hito final del primer año. Caminar de forma independiente suele ocurrir alrededor del primer cumpleaños, aunque el rango normal se extiende hasta los 15 o 16 meses. Los primeros pasos suelen ser con las piernas muy abiertas (base ancha) y los brazos en «guardia alta» para equilibrarse.

Factores que influyen en el desarrollo motor

Es fundamental entender que el desarrollo motor evoluciona de la cabeza a los pies y del centro del cuerpo hacia las extremidades. Además, es fundamental entender que estos meses son referencias promedio. El desarrollo motor no es una carrera de velocidad, sino un proceso de maduración individual. Y existen factores que pueden acelerar o retrasar estos hitos.

  • Oportunidad de movimiento. El exceso de tiempo en contenedores (andaderas, columpios, sillas de auto) limita la práctica necesaria.
  • Tummy time. El tiempo de juego boca abajo supervisado es el predictor más fuerte del éxito motor temprano.
  • Ambiente. Un suelo firme y seguro invita a la exploración más que una cama blanda.
  • Temperamento.Los bebés más curiosos o activos suelen arriesgarse más físicamente, mientras que los observadores pueden tardar más en soltarse.
  • Genética y biotipo. Los bebés con mayor masa corporal a veces requieren más tiempo para desarrollar la fuerza necesaria para movilizar su peso.

¿Cuándo consultar al pediatra?

Aunque cada niño tiene su ritmo, existen señales de alerta que requieren evaluación profesional.

  • No sostiene la cabeza a los 4 meses.
  • No se sienta sin apoyo a los 9 meses.
  • No se mantiene de pie a los 12 meses.
  • Presenta una marcada preferencia por un lado del cuerpo (asimetría).

El primer año es un viaje desde la total dependencia motriz hasta la autonomía del caminar. Fomentar el juego en el suelo y permitir la exploración segura son las mejores herramientas que los padres pueden brindar para que estos 12 hitos se alcancen con éxito.

 

Fuentes:

 

Salud infantil: Cómo iniciar el nuevo año

El inicio de un nuevo año suele estar cargado de propósitos relacionados con el bienestar; por ello, muchos deciden inscribirse en el gimnasio, iniciar dietas balanceadas y definir metas profesionales. Sin embargo, para los padres y cuidadores, existe un propósito que debería encabezar la lista por su impacto a largo plazo: garantizar el control de salud anual de los niños.

El control de salud infantil, a menudo llamado control del niño sano, no es simplemente una visita al médico cuando el pequeño presenta fiebre o tos. Es un proceso preventivo, sistemático y dinámico que busca asegurar que el crecimiento y desarrollo se realicen de manera óptima.

¿Por qué es vital el control de salud anual?

Muchos padres cometen el error de llevar a sus hijos al médico solo cuando presentan síntomas de enfermedad, como fiebre, dolor o tos. Si bien la atención aguda es necesaria, lo cierto es quela infancia es una etapa de cambios vertiginosos, y el control del niño sano tiene objetivos preventivos que no pueden abordarse en una consulta de urgencia.

Detección temprana de anomalías

El crecimiento infantil es acelerado.Así que problemas en la columna, como la escoliosis; trastornos visuales, trastorno del espectro autista, dificultades auditivas o soplos cardíacos pueden no presentar síntomas evidentes en casa. Un examen físico exhaustivo permite identificar estas condiciones antes de que afecten la calidad de vida o el rendimiento escolar.

Monitorización del crecimiento y desarrollo

El pediatra utiliza tablas de percentiles para evaluar que el peso, la talla y el perímetro cefálico evolucionen de forma armónica, descartando problemas metabólicos o nutricionales. Tan importante como el físico es el desarrollo neurocognitivo, así que también se encargan de evaluar el lenguaje, la motricidad fina y gruesa, y la socialización según la edad cronológica.

Actualización del esquema de vacunación

El calendario de vacunación es una de las herramientas de salud pública más potentes. El inicio de año es el momento ideal para verificar dosis faltantes o refuerzos. El control anual permite revisar que el niño cuente con los refuerzos necesarios contra enfermedades como el sarampión o la rubéola, así como la dosis anual contra la influenza.

Salud mental y emocional

El control anual permite evaluar el comportamiento, el rendimiento escolar y la socialización, aspectos que a menudo pasan desapercibidos en visitas de urgencia.

Cómo iniciar el control de salud al inicio del año

Enero y febrero suelen ser los meses favoritos para programar este tipo de consultas médicas, y poder organizar posibles estudios, sin interrupciones de periodos vacacionales extensos, como la época de Navidad.

Para que la vuelta al pediatra sea efectiva y no un trámite estresante, se recomienda seguir una estructura organizada:

Preparación de la historia clínica

Antes de la cita, los padres deben recopilar información relevante ocurrida durante el año anterior. Si no tienes idea de cómo hacerlo, puedes responder las siguientes preguntas.

  • ¿Hubo enfermedades importantes o visitas a urgencias?
  • ¿Ha habido cambios significativos en la dieta o el sueño?
  • ¿Existen antecedentes familiares nuevos de enfermedades crónicas?

El examen físico integral

Es el mejor momento para solicitar un control completo, por lo que se sugiere que esta consulta incluya lo siguiente:

  • Evaluación antropométrica. Medición de peso, talla e Índice de Masa Corporal (IMC).
  • Control de tensiónarterial. Recomendado anualmente a partir de los 3 años para detectar hipertensión pediátrica.
  • Examen visual y auditivo. Crucial para el éxito escolar.
  • Revisión postural. Detección de escoliosis o problemas en la marcha.

Salud bucodental

El inicio de año es el recordatorio perfecto para la visita al odontopediatra. La caries dental sigue siendo la enfermedad crónica más común en la infancia, y su prevención influye en la nutrición y el habla.

Recomendación importante

  • Prepare al niño. Explique que la visita es para asegurarse de que está creciendo fuerte. Evite usar las temidas inyecciones como una amenaza; haga que el momento sea más fácil y manejable, presente al médico como un aliado.

Exámenes y evaluaciones sugeridas

Dependiendo de la edad del niño, el pediatra solicitará diferentes estudios. De forma general, un control completo debería incluir:

  • Análisis de sangre. Con ella se puede detectar anemia, niveles de glucosa, colesterol, función de riñones e hígado.
  • Examen de orina. Favorece la detección de infecciones asintomáticas o problemas metabólicos.
  • Evaluación oftalmológica. Ayuda con cualquier posible problema visual, como miopía, astigmatismo, entre otros.
  • Evaluación odontológica. Necesaria para prevenir caries y corregir la alineación dental.
  • Evaluación auditiva. Permite descartar la hipoacusia, que está relacionada con la pérdida de la capacidad auditiva, y puede afectar también el habla del niño.

Sugerencias para una salud integral durante el año

Es importante que los padres comprendan que la salud no ocurre solo en el consultorio; se construye en el hogar, y para ello, los padres pueden considerar la aplicación de algunos hábitos saludables.

Nutrición consciente

Fomente una dieta rica en frutas, verduras y proteínas de alta calidad. Reduzca al máximo los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas.La obesidad infantil y la diabetes tipo 2 se han convertido en una epidemia creciente que predispone a enfermedades crónicas en la adultez.

Actividad física y tiempo al aire libre

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa para niños y adolescentes. Esto no solo fortalece los huesos y músculos, sino que reduce la ansiedad y mejora la concentración. Vale destacar en este punto que el tiempo de exposición a las pantallas debe ser limitado, porque esta es la primera razón por la que muchos niños se alejan de la actividad física y sus beneficios.

Higiene del Sueño

Un niño que no duerme lo suficiente tiene mayores dificultades de aprendizaje y regulación emocional. Establezca rutinas consistentes: apagar pantallas al menos una hora antes de dormir y mantener horarios fijos incluso los fines de semana.

Un niño que no duerme bien es un niño que no aprende bien. Establezca rutinas consistentes.

  • Menores de 5 años. 10 a 13 horas de sueño.
  • Escolares. 9 a 11 horas.
  • Adolescentes. 8 a 10 horas.

Salud mental y bienestar emocional

El control de salud también debe incluir preguntas sobre el estado de ánimo, sexualidad, consumo de sustancias, acoso escolar mejor conocido como bullying, y el uso de redes sociales.La salud mental es parte integral del bienestar infantil.

Prevención. Una inversión a futuro

Realizar estos exámenes anualmente se debe considerar como una inversión en el capital humano; recuerde que la prevención es menos costosa que un tratamiento. Un niño sano tiene mejores oportunidades de éxito académico, desarrolla una autoestima más sólida y adquiere hábitos que lo protegerán durante toda su vida adulta.

Fuentes

La salud materna: Clave para el bienestar infantil

La salud materna no es un tema que incumba exclusivamente a la mujer embarazada; de hecho, se ha convertido en la piedra angular del bienestar infantil y un indicador crucial del desarrollo social y sanitario de cada familia. En un enfoque integral, se debe situar a la madre no solo como la portadora de una nueva vida, sino como un ser con necesidades físicas, mentales y sociales que, si son atendidas adecuadamente, garantizan el mejor apoyo de vida y evolución posible para el niño.

La importancia de la salud de las madres en el cuidado de los niños

El estado de salud de la madre tiene un impacto directo y profundo en la vida de sus hijos, incluso, mucho antes del nacimiento. La atención prenatal adecuada es uno de los factores más relevantes en la vida y desarrollo del niño. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la implementación efectiva del cuidado prenatal reduce significativamente los riesgos de mortalidad materna e infantil.

  • Salud física y nutricional. Una madre con buena salud física y una nutrición óptima durante el embarazo asegura un desarrollo fetal saludable. Estas condiciones reducen riesgos como el bajo peso al nacer o las deficiencias nutricionales que pueden afectar el desarrollo cognitivo y físico del niño.
  • Lactancia materna. La salud materna también es vital para el éxito de la lactancia materna exclusiva, que es el alimento ideal para el bebé. Sus beneficios son inmensos para el niño, incluyendo la prevención de sobrepeso, diabetes tipo 2, y la reducción del riesgo de síndrome de muerte súbita infantil.
  • Vínculo afectivo y mental. Más allá de lo físico, la salud mental materna es crítica. Una madre que sufre de depresión posparto o ansiedad puede tener dificultades para establecer un vínculo afectivo seguro y para responder de manera consistente a las necesidades de su hijo. Esto puede, a su vez, afectar el desarrollo cognitivo y emocional del niño, e incluso, el desarrollo del lenguaje y la autoestima.

Por lo tanto, el bienestar de la madre no solo protege su vida, sino que nutre el desarrollo integral del niño.

Las madres también importan

El foco de la atención materno-infantil se ha puesto, por razones obvias, en la supervivencia y el desarrollo del niño. Sin embargo, la premisa de que las madres también importan, es fundamental para sostener un cuidado infantil de calidad.

Una madre exhausta, estresada o con problemas de salud física o mental no puede ofrecer la misma calidad de cuidado que una madre que se siente apoyada y saludable.

El concepto de salud materna debe ser replanteado para ser más inclusivo, dándole mayor prioridad a la salud mental de las mujeres, un componente que a menudo es olvidado. La etapa posterior al parto, por ejemplo, es un periodo crítico, donde la madre necesita cuidados específicos, incluyendo descanso adecuado, nutrición y seguimiento médico para evitar complicaciones y garantizar su recuperación física y emocional.

Las madres no deben posponer su bienestar

El mensaje más importante para toda madre es muy claro: no pospongan su bienestar. El bienestar no es un lujo, sino un componente operativo de la maternidad eficaz. Muchas madres tienen la tendencia a aguantar, o a pensar que la atención propia puede esperar hasta que los niños sean mayores, sin saber que este es un camino peligroso hacia el agotamiento.

El bienestar materno implica:

  • Atención médica regular. No cancelar, ni posponer las citas médicas propias, como la consulta ginecológica o la visita al odontólogo, porque la agenda está apretada.
  • Sueño y descanso. Priorizar el descanso, aunque sea en bloques cortos. La privación crónica del sueño es un factor de estrés biológico y mental.
  • Nutrición adecuada. Evitar saltarse comidas o recurrir constantemente a alimentos rápidos y poco nutritivos, que comprometen la energía y la salud a largo plazo.
  • Tiempo personal. Programar intencionalmente tiempo para el ocio, las aficiones o simplemente la soledad y el silencio, que son fundamentales para la recarga mental.
  • Límites. Aprender a decir no a peticiones que añadan estrés innecesario y delegar tareas sin sentir culpa.

El autocuidado no es un acto egoísta; es un acto de generosidad a largo plazo hacia la familia. Una madre que prioriza su bienestar enseña a sus hijos el valor de cuidarse a sí mismos, un modelo invaluable que va más allá de cualquier lección verbal. Al cuidarse a sí misma, la madre asegura que la fuente de amor y cuidado que proporciona a su hijo no se seque.

La salud materna es, sin lugar a dudas, el fundamento del bienestar infantil. La ecuación es simple y poderosa: Madre sana = Niño sano. Para asegurar el desarrollo óptimo de los niños, debemos cambiar la narrativa social del autosacrificio materno a la de la responsabilidad compartida y el cuidado recíproco. Las madres merecen ser cuidadas para que puedan seguir cuidando.

 

Fuentes:

      La importancia del control de niño sano en la infancia

      El control de niño sano es un pilar fundamental de la atención pediátrica preventiva, muy diferente a la atención de enfermedades. Es decir, no se trata solo de acudir al médico cuando el niño está enfermo, sino de un conjunto de evaluaciones periódicas, que han sido diseñadas para garantizar el óptimo crecimiento, desarrollo físico, mental y social del menor, desde el nacimiento hasta la adolescencia. Es, en esencia, una inversión temprana en la salud y el futuro de cada individuo.

      ¿Qué revisa el pediatra en el control de niño sano?

      El control de niño sano, también conocido como supervisión de la salud infantil, es un programa de visitas médicas regulares y programadas que se realizan incluso cuando el niño o niña parece estar completamente sano. La frecuencia de estas visitas es mayor en la primera infancia debido a la rapidez del desarrollo en esta etapa, muchos especialistas programan estas visitas cada mes, durante los primeros 6 meses de vida del bebé; cada dos o tres meses hasta los dos años de edad, y luego, una o dos veces al año hasta la adolescencia.

      Durante estas consultas, el médico tratante, que puede ser un pediatra o médico familiar, realiza una revisión exhaustiva que abarca diversos aspectos.

      Evaluación del crecimiento

      Se toman y registran medidas clave del cuerpo del bebé, para monitorizar si el niño está creciendo adecuadamente.

      • Peso. Para detectar bajo peso o, por el contrario, sobrepeso u obesidad.
      • Talla/Longitud. Para evaluar el crecimiento lineal.
      • Perímetro cefálico (PC). Mide el crecimiento de la cabeza, crucial para evaluar el desarrollo cerebral, especialmente en los primeros dos años de vida.

      Estos datos se comparan con las tablas o curvas de crecimiento estandarizadas, como las de la OMS, para asegurar que el niño se mantenga en la evolución de crecimiento esperado.

      Evaluación del desarrollo psicomotor

      Se evalúan los hitos del desarrollo en varias áreas para detectar tempranamente posibles retrasos o desviaciones.

      • Motor grueso. Habilidades como sostener la cabeza, rodar, sentarse, gatear, caminar y correr.
      • Motor fino. Habilidades manuales como agarrar objetos, manipular juguetes y dibujar.
      • Lenguaje. Evolución de balbuceos, primeras palabras, frases y comprensión.
      • Socio-emocional. Interacción con los padres y el entorno, juego, autonomía y comportamiento.
      • Cognitivo. Aprendizaje y resolución de problemas.

      El médico utiliza herramientas de cribado estandarizadas, como el Test de Denver, y la observación directa para esta evaluación.

      Examen físico completo

      El examen físico es detallado y sistemático, que incluye los siguientes aspectos:

      • Auscultación. Escuchar el corazón y los pulmones.
      • Abdomen. Palpación para detectar anomalías.
      • Genitales e inguinal. Revisión para detectar hernias o problemas testiculares, esta parte del examen es específica en varones.
      • Ojos y oídos. Evaluación de la visión y la audición, que a menudo incluye pruebas específicas, como cribado visual y auditivo, a ciertas edades.
      • Boca y dientes. Revisión de la salud bucal, aparición de dientes y consejos de higiene.
      • Piel y extremidades. Evaluación de la postura y el movimiento.
      • Reflejos. En recién nacidos y lactantes, se evalúan los reflejos primitivos.

      Aplicación de vacunas

      Un componente central es la revisión y aplicación de las inmunizaciones, según el esquema de vacunación oficial del país, protegiendo al niño contra enfermedades graves y prevenibles.

      Consejería y guía anticipatoria

      Este es un aspecto crucial y preventivo. El médico brinda a los padres información, orientación y apoyo sobre temas relevantes para la edad del niño y su evolución.

      • Nutrición. Lactancia materna, introducción de alimentos sólidos, hábitos alimentarios saludables.
      • Sueño. Patrones y rutinas de sueño para un óptimo descanso.
      • Seguridad y prevención de accidentes. Consejos adaptados a la edad para tratar riesgos de asfixia, caídas, accidentes automovilísticos, entre otros.
      • Crianza y comportamiento. Manejo de rabietas, entrenamiento de control de esfínteres, pautas de disciplina positiva.
      • Salud mental y emocional. Evaluación del vínculo familiar y detección de dificultades parentales.

      ¿Por qué es importante que el niño acuda a este control?

      La importancia del control de niño sano reside en su enfoque proactivo y preventivo. Un niño puede parecer sano a simple vista, pero solo una evaluación médica periódica puede garantizar su bienestar integral.

      • Detección temprana de problemas. Muchos problemas de salud, como retrasos en el desarrollo, problemas de visión o audición, o desviaciones en el crecimiento, son sutiles y pueden no ser evidentes para los padres. La detección temprana permite una intervención rápida y oportuna, lo que mejora drásticamente el pronóstico a largo plazo.
      • Prevención de enfermedades. Las vacunas son la herramienta de prevención más efectiva que se administra en estas consultas, protegiendo al niño y a la comunidad de brotes de enfermedades contagiosas.
      • Seguimiento de la curva de crecimiento. Permite identificar a tiempo trastornos nutricionales como la desnutrición o la obesidad infantil, problemas que tienen graves consecuencias a largo plazo para la salud cardiovascular, metabólica y ósea.
      • Establecimiento de un vínculo de confianza. Las visitas regulares construyen una relación de confianza entre el pediatra, el niño y la familia, facilitando una comunicación abierta sobre temas sensibles y creando un equipo para el cuidado de la salud.

      Beneficios del control de niño sano

      Los beneficios de mantener un calendario riguroso de control de niño sano son incalculables y se extienden más allá de la infancia, impactando la vida adulta.

      • Salud física óptima. Al monitorizar el crecimiento y aplicar las vacunas, se minimiza el riesgo de enfermedades graves y se asegura que el cuerpo se desarrolle de manera adecuada.
      • Desarrollo cognitivo y social pleno. La detección temprana de problemas de desarrollo y la guía anticipatoria a los padres sobre estimulación y crianza favorecen un entorno óptimo para que el niño alcance todo su potencial cognitivo y social.
      • Hábitos de vida saludables. En estas consultas, los padres encuentran el apoyo ideal para educar a la familia sobre nutrición, higiene, actividad física y seguridad, sembrando las bases para un estilo de vida saludable que perdurará.
      • Reducción de la morbilidad y mortalidad. La atención preventiva y la inmunización son dos de las estrategias de salud pública más eficaces, contribuyendo a la disminución de la morbilidad y la mortalidad infantil.
      • Empoderamiento de los padres. El control de niño sano proporciona a los padres la información, las herramientas y la tranquilidad necesarias para abordar los desafíos de la crianza en cada etapa, respondiendo a sus dudas y preocupaciones.

      El Control de Niño Sano es la columna vertebral de la pediatría. No solo interviene en la enfermedad, sino que promueve activamente la salud, asegurando que cada niño tenga la mejor oportunidad posible de prosperar y convertirse en un adulto sano y productivo. Asistir a estas citas no es opcional, sino un compromiso esencial con la salud futura de los hijos.

       

      Fuentes:

          La fiebre: Un aviso que puedes manejar con calma

          La fiebre es uno de los síntomas más comunes en los niños, sin embargo, suele ser uno de los más preocupantes para los padres y cuidadores. Cuando un niño presenta temperatura elevada puede generar ansiedad y, por ende, crear muchas dudas: ¿Es grave? ¿Debo llevar al niño a urgencias? ¿Qué debo hacer? Para la tranquilidad de muchos, hoy conocerás información clara acerca de la fiebre, qué es, cuándo preocuparse y cómo actuar de manera segura y eficaz.

          ¿Qué es la fiebre?

          Es muy común creer que la fiebre es una enfermedad en sí misma, cuando en realidad, este es un mecanismo de defensa natural del cuerpo. La fiebre se define como la elevación temporal de la temperatura corporal. La realidad es que, la fiebre no es un enemigo, sino un aliado que ayuda a combatir infecciones, porque, la mayoría de las bacterias y virus que causan enfermedades se reproducen mejor a la temperatura corporal normal. De acuerdo con Baraff (2000), cuando el cuerpo eleva la temperatura, en realidad crea un ambiente hostil para estos patógenos, lo que dificulta su replicación y estimula el sistema inmunológico para que funcione de manera más eficiente.

          La temperatura normal de un niño puede variar, per en rasgos generales, se considera que un niño tiene fiebre cuando su temperatura rectal es igual o superior a 38°C, la oral es igual o superior a 37.8°C y la axilar es igual o superior a 37.2°C, recordando que al tomar la temperatura en la axila, se debe sumar 0,5°C. Muchos especialistas están de acuerdo en que la medición rectal es la más precisa en bebés y niños pequeños.

          ¿Por qué ocurre la fiebre en los niños?

          La principal causa de la fiebre en niños son las infecciones, tanto virales como bacterianas. Chiappini et al. (2017) señala que, algunas de las infecciones virales son, el resfriado común, la gripe o la gastroenteritis. Por otra parte, entre las infecciones bacterianas están la otitis media, la neumonía o la infección del tracto urinario, las cuales pueden requerir tratamiento con antibióticos, los cuales deben ser indicados por el pediatra.

          Existen otras causas de la fiebre en niños, tales como:

          • Reacciones a vacunas. La fiebre es una reacción común y esperada después de la administración de algunas vacunas, tales como el sarampión, las paperas y la rubéola, o la vacuna para difteria, tétanos y tos ferina.
          • Dentición. A pesar de ser una creencia popular, cuando están apareciendo los dientes, no suele causar fiebres altas. Pero, si en esta condición, el niño presenta temperatura superior a 38.5°C o luce muy enfermo, es probable que la causa sea otra y no la salida de los dientes.
          • Golpe de calor. Exposición prolongada a altas temperaturas, como dejar al niño en un coche cerrado, puede elevar peligrosamente la temperatura corporal, y convertirse en una emergencia médica.

          ¿Siempre hay que preocuparse cuando un niño tiene fiebre?

          La respuesta corta es no. Como se ha dicho anteriormente, la fiebre es un síntoma, no una enfermedad. La clave no es el número que marca el termómetro, sino el estado general del niño. Un niño con 39°C de fiebre que está jugando, bebiendo líquidos y con buen aspecto, es probable que no requiera de una intervención médica inmediata. Pero, cuando un niño con 38°C que está decaído, irritable, no quiere beber y presenta otros síntomas alarmantes, sí podría requerir una pronta evaluación médica.

          Por esta razón, se darán a conocer algunas situaciones en las que la fiebre sí es motivo de preocupación y requiere atención médica urgente.

          • Bebés menores de 3 meses. Cualquier fiebre en un bebé de esta edad, incluso si presenta una fiebre baja, debe ser evaluada por un médico de inmediato. Su sistema inmunológico aún no está completamente desarrollado y una fiebre puede ser la única señal de una infección grave.
          • Fiebre alta persistente. Si la fiebre no baja con medicamentos y dura más de 24-48 horas, o si el niño parece estar empeorando.
          • Fiebre con otros síntomas graves. Como lo son, la dificultad para respirar, rigidez del cuello, erupción cutánea que no desaparece al presionar, dolor de cabeza intenso, confusión o irritabilidad extrema, signos de deshidratación como llanto sin lágrimas, ojos hundidos, poca orina, boca seca; y convulsiones febriles.

          ¿Qué hacer en caso de fiebre en los niños?

          La prioridad ante un cuadro de fiebre es mejorar el confort del niño, al considerar que un niño que se siente mejor, come, bebe y duerme, tiene más probabilidades de recuperarse más rápido. Algunas recomendaciones para el manejo de la fiebre en casa, son las siguientes.

          • Mantener la hidratación. La fiebre puede provocar deshidratación. De aquí la importancia de ofrecer al niño líquidos con frecuencia, como agua, caldos, jugos diluidos o soluciones de rehidratación oral. Si el niño está vomitando, ofrezca pequeñas cantidades de líquido a intervalos cortos.
          • Medicación. Los medicamentos antipiréticos (reductores de la fiebre) más comunes y seguros para los niños son el paracetamol (acetaminofén) y el ibuprofeno. Es importante mencionar que, el ibuprofeno se recomienda para niños a partir de 6 meses de edad, mientras que el paracetamol, es recomendado para niños de todas las edades. Y, la dosis de ambos medicamentos es en función al peso del niño, si tiene dudas, recuerde siempre consultar a su pediatra.
          • Ropa ligera y ambiente fresco. Vestir al niño con ropa ligera y mantener la habitación a una temperatura agradable. Evitar arroparlo en exceso es otra de las recomendaciones importantes, ya que esto puede impedir que el calor se disipe.
          • Dar baños tibios. Un baño de esponja con agua tibia (no fría) puede ayudar a bajar la temperatura y a calmar al niño. Pero, los especialistas no lo recomiendan como primera opción. Tampoco debe usar agua fría o alcohol, ya que puede causar escalofríos y un aumento de la temperatura central.
          • Descansar. El cuerpo necesita energía para combatir la infección. Fomente el descanso y evite actividades extenuantes.

          La fiebre es una respuesta fisiológica normal y, en la mayoría de los casos, un signo de que el sistema inmunológico está haciendo su trabajo. Para saber cuándo buscar atención médica, la clave es recordar que la fiebre es un síntoma, no el enemigo, y que la observación y el sentido común son las mejores herramientas para cuidar de un niño enfermo.

           

          Fuentes:

          • American Academy of Pediatrics. (2011). Clinical Practice Guideline: Management of Fever and Dehydration in Children with Gastroenteritis. Publicación en línea.
          • Baraff, L. J. (2000). Management of fever in infants and children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 105(3), 633-640.
          • Chiappini, E., Bortone, B., Tovo, P. A., et al. (2017). Guidelines for the management of fever in children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 140(1), e20170068.
          • Sullivan, J. E., & Farrar, H. C. (2011). Fever and antipyretic use in children. Journal of the American Academy of Pediatrics, 127(3), 580-587.