Acoso Escolar: Señales de alerta que los niños no dicen con palabras

El acoso escolar o bullying es una de las situaciones más dolorosas y silenciosas que pueden afectar el desarrollo integral de un niño. Aunque en la actualidad existe más información, planes de concienciación e información sobre consecuencias emocionales y académicas que esto conlleva, la realidad es que dentro de las aulas y los hogares la mayoría de los niños que sufren acoso no lo expresan verbalmente.

Quizás el miedo a sufrir represalias por parte de los agresores, la vergüenza o la creencia de que las conductas hostiles son inevitables llevan a las víctimas al aislamiento. Sin embargo, el sufrimiento en los niños siempre busca una manera de expresarse. Aunque los niños no utilicen palabras para pedir ayuda, su cuerpo, sus emociones y sus acciones diarias emiten señales que los adultos debemos aprender a descifrar.

¿Por qué los niños no piden ayuda?

Muchos padres y educadores se sorprenden al descubrir que un menor ha estado sufriendo acoso escolar durante meses sin haber dicho una sola palabra al respecto. Comprender los motivos de este silencio es el primer paso para poder actuar sobre esta situación de manera efectiva.

  • Miedo al castigo. Los agresores suelen amenazar a sus víctimas con empeorar la situación si lo cuentan a un adulto.
  • Vergüenza y pérdida de autoestima. El acoso continuado afecta de manera negativa la confianza del niño, llevándolo a creer que merece el trato recibido o que hay algo malo en él.
  • Temor a no ser creídos o a la sobreintervención. Muchos niños temen que la reacción de sus padres empeore la situación en el colegio o que los adultos minimicen su experiencia con frases como: son cosas de niños.
  • Falta de vocabulario emocional. En ocasiones, los más pequeños desconocen aún las palabras precisas para hacer referencia a la manipulación psicológica, la exclusión social o la angustia que pueden experimentar cada día.

Las señales no verbales: Lo que el cuerpo y la conducta revelan

Cuando la voz se vuelve muda, la conducta habla. Reconocer las señales no verbales del acoso escolar requiere de una observación constante por parte de la familia y el entorno escolar.

Somatizaciones físicas recurrentes

El estrés emocional por un largo periodo de tiempo termina manifestándose a través del cuerpo. Los niños que sufren de acoso escolar suelen presentar síntomas físicos sin causa médica aparente, y ocurren especialmente en momentos específicos, como los domingos por la tarde o antes de salir hacia la escuela.

  • Dolores de cabeza y estómago. Son las quejas somáticas más frecuentes ante la ansiedad por tener que enfrentarse al entorno escolar.
  • Alteraciones en el apetito. Cambios repentinos en los hábitos alimenticios, como perder el interés por la comida o regresar del colegio con mucha hambre; este último puede ser una señal de que le quitan el dinero de la merienda o el bocadillo que se haya llevado al colegio.
  • Náuseas o mareos matutinos. Episodios de malestar físico que desaparecen sospechosamente durante los fines de semana o los periodos vacacionales.

Alteraciones del sueño y pesadillas nocturnas

El sueño es un termómetro confiable del bienestar emocional infantil. Las pesadillas frecuentes, la dificultad para conciliar el sueño o el insomnio recurrente suelen indicar un alto nivel de alerta y ansiedad. Otra señal de alerta es cuando los niños vuelven a mojar la cama, después de ser una etapa superada.

Cambios drásticos en el comportamiento y el humor

El cambio repentino en el temperamento de un niño es una de las alertas más significativas. Un menor que solía ser alegre y comunicativo puede volverse irritable, retraído o desconfiado.

  • Explosiones de ira injustificadas. Acumular tensión durante la jornada escolar provoca que el niño canalice su frustración en su entorno seguro, que es el hogar. Pueden comenzar las rabietas, contestaciones agresivas o episodios de llanto sin motivo aparente.
  • Aislamiento social voluntario. Pérdida de interés por actividades recreativas que antes disfrutaba, desinterés por salir a jugar o alejamiento de sus amigos.
  • Aferramiento excesivo a la familia. Mostrar una dependencia inusual hacia los padres o cuidadores al momento de ir al colegio o realizar actividades fuera de casa.

Deterioro del material escolar y pertenencias

Las agresiones físicas por parte de los abusivos no solo se dirigen al cuerpo del niño, sino también hacia sus objetos personales, como una forma de intimidación.

  • Lápices, cuadernos o morrales que llegan rotos, manchados o dañados con frecuencia.
  • Pérdida constante de ropa, material escolar, dinero o dispositivos electrónicos.
  • Explicaciones vagas o evasivas al ser preguntado acerca del estado de sus pertenencias. Es común escuchar respuestas como: lo perdí, se cayó y se dañó.

Indicadores académicos y actitudinales hacia la escuela

Tener que lidiar con el acoso constante hace imposible que el niño se concentre en sus clases y, por ende, su rendimiento escolar disminuye. La mente del niño está ocupada en sobrevivir al entorno hostil, y el aprendizaje queda en segundo plano.

  • Bajada repentina e inexplicable en las calificaciones escolares.
  • Excusas recurrentes para no asistir a clase o lentitud extrema para prepararse por las mañanas.
  • Cambios en las rutas habituales para ir o volver del colegio; puede ser que evite ciertos caminos o paradas de autobús por miedo a encontrarse con los agresores.

Cómo actuar cuando detectamos estas señales

Al identificar una o varias de estas señales, no significan necesariamente que existe un caso de acoso, pero sí es un claro indicativo de que el niño está experimentando un estado de malestar emocional que requiere atención inmediata. Por lo pronto, puede aplicar estos consejos:

  • Crear un entorno de calma y validación. Evite interrogar al niño con gran presión. Facilite espacios tranquilos, que le transmitan que está seguro y que nada de lo que ocurre es su culpa.
  • Escuchar sin juzgar ni minimizar. Evite frases como tienes que defenderte o eso es normal a tu edad. Valide sus emociones y reconozca la dificultad de la situación.
  • Documentar y observar. Registre las fechas, conductas observadas y cualquier detalle que pueda ayudar a reconstruir el mapa de la situación.
  • Contactar con el centro educativo. Solicite una reunión con el maestro para exponer las observaciones y exigir la activación de los protocolos de convivencia y prevención del acoso escolar.
  • Buscar apoyo profesional. La intervención de un psicólogo infantil o juvenil es fundamental para brindar herramientas de afrontamiento, reconstruir su autoestima y reparar el impacto emocional del acoso en el niño.

El acoso escolar prospera cuando hay silencio. De aquí la importancia de aprender a leer entre líneas y descifrar el lenguaje no verbal de los niños. Le invitamos a estar atentos a los cambios sutiles en su cuerpo, su conducta y sus emociones, para poder intervenir a tiempo, romper el círculo de la violencia. Si todos aportáramos nuestro grano de arena, las aulas volverían a ser espacios seguros para el crecimiento y el desarrollo de la infancia en poco tiempo.

Fuentes:

 

Dermatitis Atópica: Cómo cuidar la piel de los niños durante los brotes

La piel de los niños es delicada, suave e impresionante por su capacidad de regeneración. Sin embargo, para millones de familias en todo el mundo, el cuidado infantil incluye tratar con condiciones como parches de piel seca, enrojecida, áspera e intensamente picante. Estos síntomas corresponden a dermatitis atópica, mejor conocida como eccema atópico. Se trata de una condición dermatológica crónica e inflamatoria que afecta principalmente a bebés y niños pequeños.

Aunque ver a un hijo incómodo por la irritación constante puede ser estresante para los padres, es necesario conocer la naturaleza de esta condición y así poder establecer un plan para tratar este problema de la piel desde la comodidad del hogar.

¿Qué es la dermatitis atópica y por qué ocurre?

La dermatitis atópica no se trata de un problema estético, ni de una reacción alérgica simple; es una enfermedad de la barrera cutánea. En condiciones normales, la piel actúa como un escudo protector impermeable que retiene la humedad interna y evita que los gérmenes, la suciedad y los alérgenos penetren al interior del cuerpo humano.

En los niños con dermatitis atópica, esta barrera cutánea es deficiente o defectuosa. Entonces, la piel pierde agua muy rápido, y se convierte en una dermis extremadamente seca, rígida y vulnerable a agentes irritantes externos.

Los desencadenantes más comunes

Aunque la causa exacta de la dermatitis atópica combina factores genéticos y del sistema inmunológico, también existen desencadenantes cotidianos que pueden provocar o empeorar los brotes.

  • Factores ambientales. Cambios de temperatura, aire seco por calefacción o aire acondicionado, o clima demasiado caluroso que cause sudoración.
  • Sustancias químicas e irritantes. Jabones perfumados, detergentes fuertes, suavizantes de ropa, perfumes y productos con alcohol.
  • Textiles.Telas sintéticas, como el poliéster, o lanas de tejido áspero.
  • Alérgenos. Ácaros del polvo, polen, caspa de mascotas o ciertos alimentos en casos específicos.
  • Estrés emocional o cansancio. En niños mayores, las situaciones de estrés o la falta de descanso pueden intensificar los síntomas.

Síntomas y manifestación según la edad

La dermatitis atópica suele manifestarse de forma diferente a medida que el niño crece, siendo los siguientes los síntomas más comunes en cada etapa.

  • Lactantes (0 a 2 años). Las lesiones suelen aparecer principalmente en las mejillas, el cuero cabelludo, el torso y las caras extensoras de las extremidades, como lo son los codos y las rodillas. La piel se torna roja, descamada e incluso puede presentar pequeñas ampollas líquidas durante los brotes agudos.
  • Niños mayores (2 a 12 años). La erupción puede migrar hacia los pliegues o zonas de flexión, como la parte posterior de las rodillas, el cuello, las muñecas y los tobillos. La piel tiende a volverse más gruesa, áspera y agrietada debido al rascado continuo.

El síntoma más característico y perturbador es el prurito (picazón intensa). El rascado proporciona un alivio momentáneo, pero daña aún más la piel, generando un ciclo vicioso de picazón-rascado-inflamación que facilita el ingreso de bacterias.

Cuidados en casa. La clave del manejo diario

Aunque la dermatitis atópica no tiene una cura definitiva, es una condición que se puede controlar con éxito al cumplir una rutina de manera rigurosa y constante en el hogar. El objetivo fundamental es restaurar la humedad de la piel y prevenir la inflamación.

La regla del baño consciente

El baño no debe ser un momento de deshidratación, sino una oportunidad para aportar agua a la piel.

  • Duración y temperatura. El baño o la ducha debe ser corto, no más de 5 a 10 minutos, y con agua tibia, nunca caliente.
  • Elección del limpiador. En lugar de usar jabones comunes, puede probar con geles limpiadores dermatológicos emolientes. Evite frotar la piel con esponjas o zacates ásperos; use la mano con suavidad.
  • Secado delicado. Al terminar, seque la piel a toquecitos con una toalla de algodón suave, sin arrastrar ni frotar.

Hidratación intensiva. La regla de los 3 minutos

La hidratación es un paso clave del tratamiento. El mejor momento para aplicar la crema humectante o emoliente es dentro de los primeros 3 minutos posteriores al baño, cuando la piel aún conserva humedad atrapada.

  • Opte por ungüentos o cremas densas e hipoalergénicas en lugar de lociones líquidas, ya que las lociones contienen más agua y se evaporan rápido.
  • Aplique la crema emoliente al menos dos veces al día en todo el cuerpo, no solo en las zonas visiblemente irritadas.

Cuidado con la ropa y el entorno

  • Telas naturales. Procure vestir al niño con prendas 100% de algodón o bambú, holgadas y transpirables. Retire etiquetas o costuras internas que puedan causar fricción.
  • Lavado de ropa. Use detergentes líquidos hipoalergénicos o neutrales, formulados para pieles sensibles. Prescinda por completo de los suavizantes de telas y realice un ciclo de aclarado o enjuague extra.
  • Control de temperatura. Mantenga la habitación a una temperatura fresca para evitar la sudoración nocturna, una de las principales causas de picazón antes de dormir.

Control del rascado

  • Mantenga las uñas del niño cortas, limpias y limadas para evitar que se cree heridas al rascarse inconscientemente.
  • En bebés, el uso de manoplas de algodón durante la noche puede evitar lesiones.

¿Cuándo es momento de ir al pediatra o dermatólogo?

Aunque la mayoría de los casos leves a moderados se manejan bien con cuidados en casa y seguimiento pediátrico regular, es vital saber identificar cuándo la condición requiere evaluación médica especializada o intervención inmediata.

Visite al pediatra o dermatólogo pediatra cuando:

  • Los cuidados en casa no son suficientes. Si a pesar de seguir una rutina de hidratación estricta durante una o dos semanas, la piel no mejora o los brotes son cada vez más frecuentes e intensos.
  • Impacto en la calidad de vida. Si la picazón es tan severa que interrumpe el sueño del niño, afectando su rendimiento escolar, su ánimo o la dinámica familiar.
  • Pérdida de la integridad de la piel. Cuando aparecen grietas profundas, sangrado frecuente o dolor al toque.
  • Signos de infección bacteriana (Urgencia médica). Dado que la piel está abierta por el rascado, es muy susceptible a infecciones por bacterias. Consulte de inmediato si observa:
    • Costras amarillentas, con aspecto de miel seca, sobre las heridas.
    • Zonas de la piel extremadamente rojas, calientes al tacto, hinchadas o dolorosas.
    • Presencia de pus o secreción fluida.
    • Aparición de fiebre o malestar general en el niño.

Para finalizar, manejar la dermatitis atópica requiere paciencia, perseverancia y mucha empatía hacia el pequeño. Considere que habrá días de calma y días de brote, lo cual es muy natural ante esa condición.

La buena noticia es que, en la mayoría de los niños, la dermatitis atópica mejora considerablemente o desaparece por completo a medida que crecen y su sistema inmunológico y barrera cutánea maduran y se fortalecen. Con la rutina de cuidados adecuada, el apoyo médico oportuno y un ambiente libre de irritantes, es totalmente posible lograr que los niños disfruten de una infancia plena, activa y con una piel saludable.

Fuentes:

  • Andrango, A., Gutiérrez, G., Cabrera, E., Larrea, N., Reyes, L. y Salazar, K. (2023). Diagnóstico y Tratamiento de la Dermatitis Atópica en Niños: Una Revisión Integral de las Estrategias Clínicas. Artículo en línea. Tesla Revista Científica, 3(2), e279. Disponible en: https://tesla.puertomaderoeditorial.com.ar/index.php/tesla/es/article/view/279
  • Ortiz, A., Ruiz, G., Orellana, M., Paredes, E., Limones, D., Salazar, D., Campos, P. (2026). Avances recientes en el tratamiento de dermatitis atópica en niños – Revisión narrativa. Artículo en línea. Ibero-American Journal of Health Science Research, 6(2), 335–341. Disponible en: https://health.iberojournals.com/index.php/IBEROJHR/article/view/1048
  • Ramírez, D., Aguilar, A., y Álvarez, J. (2026). Tratamiento escalonado de la dermatitis atópica en niños y adultos: revisión sistemática de la evidencia clínica. Revisión sistemática. Artículo en línea. Revista científica multidisciplinaria arbitrada yachasun – ISSN: 2697-3456, 10(18), 555–571. Disponible en: http://editorialibkn.com/index.php/Yachasun/article/view/886

 

Higiene Bucodental: Cuándo debe ser la primera visita al dentista y cómo elegir la pasta dental adecuada

Cuidar la sonrisa de los niños se encuentra entre las tareas más importantes para los padres, pero al mismo tiempo, es una de las que genera más dudas, en especial porque existen muchos mitos que dan origen a algunas creencias, por ejemplo, que los dientes de leche no requieren de cuidados odontológicos, porque se van a caer de todos modos.

La odontopediatría moderna ha demostrado que la salud bucal de los niños inicia con prevención temprana, y que la salud de los dientes de leche va a determinar la salud de la dentición definitiva, el correcto desarrollo del habla y la masticación.

Si usted es de los padres que tiene dudas acerca del mejor momento para programar esa primera cita y los cuidados que se deben seguir para la salud bucodental del pequeño, le invitamos a continuar esta lectura.

¿Cuándo llevar al niño a su primera visita al dentista?

Algunas organizaciones reconocidas, como la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP) y la Academia Americana de Odontopediatría (AAPD), coinciden en que la primera visita al dentista debe ocurrir cuando salga el primer diente de leche, pero antes de que el bebé cumpla su primer año de vida.

Tradicionalmente, los padres esperaban hasta los 3 o 4 años de edad, pero algunos estudios demostraron que muchos niños presentaban caries de biberón o caries de la infancia temprana. Estas son condiciones que se pueden prevenir en el 100% de los casos, si el dentista interviene a tiempo.

Es importante mencionar que durante esta primera cita con el dentista, el profesional no va a realizar ningún procedimiento invasivo o ruidoso que pueda alterar al bebé. Esta consulta es principalmente educativa, preventiva y de adaptación.

  • Revisión de crecimiento dental. El dentista examina las encías, la lengua, los frenillos y los dientes que estén visibles para comprobar que el desarrollo óseo y bucal sea adecuado a la edad.
  • Evaluación de riesgo de caries. Evalúa hábitos de alimentación y la higiene bucal diaria.
  • Asesoramiento a los padres. El profesional explicará la técnica correcta del cepillado, cómo manejar las molestias propias de la etapa de dentición y qué hacer ante posibles traumatismos.
  • Adaptación. El niño podrá acostumbrarse al entorno de una clínica dental, sus olores e iluminación, lo que va a ayudar a prevenir el temor a visitar al dentista u odontólogo en el futuro.

La elección de la pasta dental adecuada

Para muchos padres, la elección de la pasta dental correcta puede resultar un proceso abrumador debido a la variedad de opciones en los estantes de farmacias y supermercados. Sin embargo, la clave para adquirir la mejor opción está relacionada con un ingrediente fundamental, y es el flúor.

Este elemento es el encargado de remineralizar el esmalte y prevenir la aparición de caries. Pero, cuando el usuario es un niño, se debe conocer la concentración adecuada en partes por millón (ppm) y colocar la dosis exacta en el cepillo de dientes.

Los expertos en el tema recomiendan usar dentífricos con flúor desde la salida del primer diente, y la cantidad a colocar en el cepillo dental debe ser adaptada a la edad y la capacidad de escupir del niño.

  • De 0 a 3 años. Desde el momento en el que sale el primer diente de leche, se debe cepillar dos veces al día con una pasta que contenga al menos 1000 ppm de flúor, y la cantidad debe ser diminuta, como el tamaño de un grano de arroz. A esta edad los bebés no saben escupir, pero esta cantidad de crema dental es muy segura, aunque se la traguen.
  • De 3 a 6 años. A partir de los 3 años, la concentración de flúor se puede mantener entre 1000 ppm y 1450 ppm. Este último, si el niño tiene un riesgo elevado de caries, de acuerdo a la evaluación del dentista. La dosis se incrementa al tamaño de una arveja, y los padres comienzan a enseñar al niño a escupir el exceso de espuma luego del cepillado. Debe evitar que se enjuague con agua inmediatamente, y así permitir que el flúor actúe sobre la superficie dental.
  • De 6 años en adelante. Alrededor de los 6 años llegan los primeros molares permanentes. Es cuando se recomienda el uso de pastas dentales para adultos. El niño ya debe dominar el hábito de escupir, y la cantidad de crema dental debe seguir siendo del tamaño de un guisante.

Criterios adicionales para elegir la mejor crema dental infantil

Además de verificar la concentración de flúor en el empaque, también se recomienda prestar atención a los siguientes aspectos:

  • Evitar abrasivos severos. La dentina y el esmalte de los dientes de leche son más delgados que los de los adultos; por lo tanto, debe elegir pastas dentales con un bajo índice de abrasividad relativa de la dentina (RDA). Los especialistas sugieren que este índice debe estar entre 30 y 60, pero nunca superar los 70.
  • Sabor agradable. Puede optar por un sabor suave como fresa, frutas o menta suave, lo que facilita la rutina diaria del cepillado. Pero no debe ser un sabor exageradamente dulce, para evitar que el niño intente tragarla como si fuera un dulce.
  • Cuidado con los ingredientes. Si el niño presenta mucosas sensibles o es propenso a aftas, se recomienda elegir fórmulas libres de Lauril Sulfato de Sodio (SLS), que consiste en un agente espumante que puede generar irritaciones leves.

    Recomendaciones para una rutina de higiene bucal óptima

    El cumplimiento efectivo de la rutina diaria de cepillado es esencial para el cuidado de los dientes del niño. Si tiene dudas, puede considerar estas recomendaciones:

    • Cepillado al menos dos veces al día. Y el cepillado más importante es el de antes de ir a dormir. Porque, durante la noche, disminuye la producción de saliva, que es el protector natural de la boca, así que los dientes están más vulnerables a los ataques ácidos de las bacterias.
    • No enjuagar con agua después del cepillado. Es un error muy común. Luego del cepillado, enseñe a su hijo a escupir el exceso de pasta, pero no a enjuagar la boca con agua. Cuando no enjuaga, el flúor de la pasta permanece en contacto con el esmalte dental y ayuda a crear un escudo protector.
    • Supervisión por parte de un adulto. La motricidad fina de los niños aún está en desarrollo. Es cuando ellos cumplen 7 u 8 años que tienen la destreza para limpiar sus dientes de manera eficiente. Hasta que llega la edad, un adulto debe repasar el cepillado para asegurar que no queden zonas con placa bacteriana.

    La salud bucal de los niños no comienza cuando aparecen las molestias, sino con las acciones diarias preventivas. Programar la primera cita con el dentista antes del primer año de vida y elegir una pasta dental con una concentración de flúor adecuada para la edad del niño son herramientas eficaces, pero un buen cepillado al menos dos veces al día será el arma más poderosa para garantizar una sonrisa sana y fuerte a lo largo de su infancia.

    Diferencias entre resfriado, gripe y bronquiolitis

    Con la llegada de los meses de lluvias y temperaturas bajas o los cambios bruscos de temperaturas, es normal que los niños comiencen los estornudos y la tos. Sin embargo, existen diferentes afecciones respiratorias según su causa, intensidad, zona del cuerpo afectada y posibles complicaciones.

    De aquí surge la importancia de reconocer un resfriado común, una gripe y una bronquiolitis, y así poder aplicar los cuidados adecuados en el hogar, y en especial, identificar cuando el cuadro de síntomas se ha complicado y es necesario llevar al niño a un especialista de manera urgente.

    Resfriado común

    El resfriado común es la infección viral más frecuente, y se origina por más de 200 tipos de virus diferentes; entre ellos están los rinovirus, que son los que están presentes en la mayoría de los casos. Afecta principalmente las vías respiratorias superiores, es decir, la nariz, los senos paranasales y la garganta.

    El inicio del resfriado común es gradual; por lo general, inicia con una molestia en la garganta, y luego comienzan a aparecer los siguientes síntomas:

    • Goteo nasal y congestión. Al principio, la secreción nasal es líquida y transparente; a medida que pasan los días, se vuelve más espesa.
    • Estornudos frecuentes.
    • Tos leve o moderada.
    • Ligero incremento de la temperatura. Mejor conocida como quebranto o fogaje. La temperatura corporal solo sube unas décimas, menos de 38°C, y no alcanza a ser catalogada como fiebre.

    Esta condición alcanza su punto máximo entre el segundo y el tercer día de evolución, y se soluciona en un periodo de 7 a 10 días. El tratamiento está orientado solo a aliviar los síntomas del virus, y consiste en mucha hidratación, lavados nasales con suero fisiológico y reposo. Es importante destacar que los antibióticos no surten ningún efecto sobre los virus.

    Gripe – Influenza

    La gripe sí es una condición derivada de una infección respiratoria que es provocada por los virus de la Influenza, en especial por los tipos A y B. Es más que un resfriado fuerte; en realidad es una enfermedad sistémica de mayor intensidad.

    Esta infección ataca las vías respiratorias altas y bajas; además, desencadena una respuesta inflamatoria en todo el organismo, y por esta razón se considera una enfermedad sistémica.

    Su principal síntoma es el inicio repentino. Una persona se puede sentir bien por la mañana, y en la tarde presentar los otros síntomas:

    • Fiebre alta. Aparece de manera repentina, por lo general son temperaturas superiores a los 38,5 °C, y puede durar entre 3 y 4 días.
    • Dolores musculares y articulares. El paciente presenta dolor generalizado e intenso en todo el cuerpo.
    • Cansancio y fatiga extrema. Este agotamiento puede durar semanas, incluso después de superar la fase aguda de la infección.
    • Tos seca e intensa.
    • Dolor de cabeza intenso.

    Los síntomas agudos de esta enfermedad pueden durar entre 5 y 7 días; sin embargo, la sensación de debilidad se puede extender hasta dos semanas. Esta infección puede desarrollar otras complicaciones graves como neumonía, otitis media o intensificar patologías crónicas del paciente, como el asma.

    Bronquiolitis

    La bronquiolitis es una enfermedad respiratoria que afecta la parte más profunda de los pulmones; su causa principal, hasta en un 80% de los casos, es el Virus Sincitial Respiratorio (VSR o VRS). Puede compararse con la bronquitis de un adulto; sin embargo, esta es una condición predominantemente infantil, que afecta a bebés y niños menores de dos años, y se presenta con mayor frecuencia en bebés entre 3 y 6 meses de edad.

    Consiste en el desarrollo de una inflamación y acumulación de mucosidad en los bronquiolos, que son las ramificaciones más pequeñas y finas del árbol respiratorio. Por ser estructuras muy diminutas en un bebé, cualquier inflamación puede llegar a bloquear el paso del aire con mucha facilidad.

    Los síntomas se presentan en dos fases:

    • Fase inicial – Días 1 a 3. Inicia como un resfriado común, con mucosidad nasal, estornudos, en ocasiones tos o fiebre moderada.
    • Fase bronquial – A partir del tercer día. El virus desciende a las vías inferiores y comienza a aparecer la dificultad para respirar, tos persistente y ruidos característicos como sibilancias, que son los pitidos al respirar el aire; o crepitantes, que son ruidos respiratorios anormales que se producen por el paso del aire a través de áreas con líquidos o secreciones.

    Señales de alarma en bebés

    En cualquier caso, sea resfriado, gripe o bronquiolitis, debido al elevado riesgo de insuficiencia respiratoria en los bebés y niños pequeños, es urgente buscar atención médica ante estos síntomas:

    • Tiraje intercostal. Cuando al bebé se le marcan las costillas o el abdomen se hunde de manera exagerada al respirar.
    • Aleteo nasal. Las fosas nasales se abren demasiado en cada respiración.
    • Respiración muy rápida (taquipnea) o pausas al respirar (apeas).
    • Dificultad para la alimentación. El bebé rechaza el pecho o el tetero, o se fatiga a los pocos segundos de comenzar a alimentarse.
    • Color azul o pálido en labios o uñas (cianosis).

    Señales de alarma en adultos

    De igual manera, los adultos no están exentos de presentar complicaciones ante una afección respiratoria, por lo que es importante llevar al paciente al médico ante la presencia de los siguientes síntomas:

    • Dificultad para respirar o la sensación de falta de aire (disnea).
    • Dolor u opresión persistente en el pecho.
    • Fiebre alta que no cede a los medicamentos o que reaparece después de haber disminuido.
    • Confusión mental o mareos severos.

    Medidas de prevención

    Aunque el resfriado común, la gripe y la bronquiolitis presentan sus diferencias en los síntomas y tratamientos, comparten la misma vía de transmisión, que es el contagio a través de las gotículas de saliva que expulsamos al hablar, toser o estornudar, y el contacto con las manos o superficies contaminadas. Por lo tanto, las medidas de prevención son las siguientes:

    • Lavado frecuente de manos. Lavar muy bien las manos con agua y jabón, durante al menos 20 segundos, o con la aplicación de soluciones hidroalcohólicas.
    • Ventilación de espacios. Mantener limpios y ventilados los espacios cerrados.
    • Protección de los bebés. Evitar el contacto de recién nacidos con personas que puedan presentar síntomas de afecciones respiratorias como los explicados anteriormente.
    • Vacunación. Mantener al día la vacunación anual contra la gripe. Consultar al pediatra respecto a la vacuna contra el VSR para lactantes.

    Saber diferenciar entre una condición respiratoria molesta, pero leve, como el resfriado; una condición intensa y febril, como la gripe; y desafíos respiratorios como la bronquiolitis, es fundamental, porque este conocimiento es el que va a permitir tomar la mejor decisión relacionada con la salud de la familia. Y siempre debe tener presente que, ante cualquier duda, en especial si se trata de un recién nacido o personas en condiciones de riesgo, usted puede acudir a la consulta con un profesional de la salud, quien le ayudará a responder sus dudas y brindar la atención que el paciente necesita.

     

    Fuentes:

    Cómo interpretar los percentiles de crecimiento infantil

    Ver crecer a los hijos es una de las experiencias más gratificantes y, al mismo tiempo, una de las que generan más dudas a los padres. Durante las visitas de rutina con el pediatra, el especialista toma ciertas medidas del bebé y las ubica en lo que llaman gráficas de percentiles, e indica a los padres la ubicación de su bebé. Sin embargo, estos números pueden generar ansiedad, al desconocer qué significan los valores obtenidos y si el bebé se está desarrollando de manera correcta. Y es por ello que en esta oportunidad se explicará todo lo relacionado con los percentiles de crecimiento, cómo se interpretan y desmitificar algunas creencias acerca de estos datos.

    ¿Qué son los percentiles de crecimiento?

    Un percentil es una medida estadística de comparación, y en el caso de los percentiles de crecimiento, se utilizan para comparar el crecimiento de un niño  con el de una población de niños sanos de su misma edad y sexo.

    Las gráficas de percentiles más utilizadas a nivel mundial son las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y se dividen principalmente en tres variables: peso, estatura y perímetro cefálico.

    Un ejemplo para comprender mejor el término es que, si el pediatra le indica que su bebé está en el percentil 25 de peso, significa que, si se tomara 100 bebés de la misma edad y sexo de su hijo, y se ordenaran de menor a mayor peso, su bebé ocuparía el puesto número 25. Así que 24 bebés pesarían menos que su bebé, y 75 bebés pesarían más.

    Cómo leer los percentiles de crecimiento

    Estas gráficas de crecimiento están conformadas por dos ejes principales.

    • Eje horizontal (X). Representa la edad del niño, en meses y años.
    • Eje vertical (Y). Representa la medida física del niño, como kilogramos de peso o centímetros de estatura.

    En el área de la gráfica existen algunas líneas curvas que suben de izquierda a derecha, y cada una de ellas tiene un número.

    Entonces, el pediatra ubica la edad del niño en el eje horizontal, y sube en línea recta hasta encontrar la medida (peso o altura) del niño, y marca el punto donde ambas líneas se interceptan. La línea curva que pase más cerca de ese punto indicará el percentil de su bebé.

    El mito del percentil ideal

    Existe un mito acerca de los percentiles, que al ser una medida estadística de comparación, los niños deben alcanzar el percentil 50 que es la media exacta, o el percentil 90 que es el más grande. Y en realidad, esta no es la manera correcta de interpretar los percentiles.

    El percentil ideal para un niño es aquel que se mantiene estable a lo lardo de su desarrollo, respetando su genética y constitución física. Un niño que esté ubicado en un percentil 20 puede estar tan sano, fuerte y enérgico que un niño que esté ubicado en percentil 85. Aquí es importante recordar que cada niño es único, y la diversidad de tamaños es una característica natural de los seres humanos.

    Por otra parte, los especialistas indican que los límites de la normalidad estadística en los percentiles de crecimiento se establecen entre el percentil 3 y el 97. Cualquier valor que se encuentre entre este rango se considera un valor normal, mientras que el desarrollo general del niño sea óptimo.

    El valor que realmente importa en el crecimiento de su hijo

    Un dato aislado como el percentil de crecimiento, en un momento específico, como la consulta con el pediatra, no define la salud del niño en realidad. Sin embargo, los pediatras continúan tomando este valor en cada consulta, porque permite evaluar la tendencia a lo largo del tiempo.

    Por ejemplo, si su bebé nace en el percentil 15 de peso, y durante un año de consultas de niño sano se ha mantenido en la misma línea del percentil 15, su desarrollo es perfecto y saludable, cumpliendo con su potencial genético.

    Señal de alerta relacionada con los percentiles

    Otro aspecto importante a tomar en cuenta en los percentiles durante las consultas de niño sano es detectar cualquier cambio drástico o inesperado en la tendencia regular del niño.

    • Cruces drásticos entre percentiles. Si el niño se mantenía de manera constante en el percentil 70, y en algunos meses cae al percentil 20, es necesario detectar la causa de esta variación tan notoria en su desarrollo.
    • Estancamiento plano. Cuando la curva de crecimiento del niño se convierte en una línea horizontal, significa que no ha crecido ni ha ganado peso, lo que implica la necesidad de una revisión clínica más minuciosa.
    • Desproporción marcada entre peso y estatura. Es más fácil de visualizar con un ejemplo: Si el niño está ubicado en el percentil 95 de peso y en el percentil 10 de estatura, es recomendable hacer una evaluación nutricional para prevenir posibles problemas de salud en el futuro.

    En resumen, los percentiles son una excelente herramienta de prevención para los pediatras; sin embargo, no deben convertirse en una obsesión para los padres y demás familiares del niño. En la evolución del crecimiento y desarrollo infantil existen muchos aspectos a ser evaluados, mientras que los percentiles solo son una referencia estadística de peso y crecimiento.

    Mientras su hijo tenga un buen apetito y consuma alimentos nutritivos, muestre un buen desarrollo psicomotor, tenga energía para jugar y, respecto a los percentiles, se haya mantenido estable en las líneas de desarrollo, usted puede tener la tranquilidad de que su hijo está creciendo de manera saludable.

     

    Fuentes: